domingo, 28 de junio de 2009

Los vericuetos del sistema electoral bonaerense.

Por José Crettaz
Especial para lanacion.com

En la provincia de Buenos Aires, donde mañana se centrarán todas las miradas, rige un sistema electoral que, según varios especialistas podría incidir en el resultado. Es que, a los fines comiciales, Buenos Aires se divide en ocho secciones -muy disímiles entre sí en extensión territorial y peso demográfico- integradas cada una de ellas por varios municipios.
Sólo dos de esas secciones, la primera y la tercera, concentran dos tercios del padrón electoral bonaerense. De las 80.000 mesas en las que se votará el 28, 35.000 están en la provincia de Buenos Aires, y 25.000 de ellas, en esas dos secciones clave, que agrupan a los partidos del Norte y Sudoeste y Sur del Gran Buenos Aires. Además de diputados nacionales, los bonaerenses renovarán la mitad de la Legislatura provincial, a la que llegan diputados y senadores que representan a esas circunscripciones.
"El votante conoce los municipios, pero no las secciones electorales. En este caso, la lista sábana también impide no sólo una relación más directa entre el votante y el representante a la hora de votar, sino que de ahí en más, no permite exigir una rendición de cuentas", explicó Rosendo Fraga, director del Centro de Estudios Unión para la Nueva Mayoría.
El actual trazado de estas circunscripciones data de la década de 1930. "En el conurbano se detecta, elección tras elección, que un amplio porcentaje de los votantes ignora que existe una Legislatura provincial, por lo que esta boleta es arrastrada por la de gobernador o diputados nacionales", opinó Ricardo López Göttig, de la Universidad de Belgrano (UB).
En la Legislatura se apilan sin tratar numerosos proyectos de reforma política que, entre otras cosas incluyen la subdivisión de esas megacircunscripciones, nada ha podido modificar ese statu quo. En términos de lo que suele criticársele al sistema electoral argentino, Buenos Aires es un leading case. "La gran mayoría de los ciudadanos ignora cuáles son las atribuciones que tienen en La Plata, ni tampoco saben cuánto gastan y cómo lo hacen. En este sentido, hay una diferencia notoria con respecto a las secciones electorales del interior de la provincia, como la cuarta, la séptima y la sexta", dijo López Göttig.
La provincia también es el distrito que muestra una mayor incidencia de la lista sábana porque al tener 70 diputados nacionales en cada elección se eligen 35 legisladores. En las provincias chicas que tienen sólo cinco escaños, y en consecuencia se renuevan alternativamente dos o tres, y allí la lista sábana no tiene tanta incidencia.
"Hay proyectos de reforma electoral, pero en la Legislatura es muy difícil que se trate algo que vaya contra el statu quo. Además, si los legisladores nacionales se reúnen una vez por semana, los provinciales lo hacen cada tres semanas cuando mucho, y en ese tiempo es muy poco lo que pueden tratar", dijo María Barón, directora de Directorio Legislativo, una ONG que recopila información de los legisladores y la publica en Internet y libros.
A diferencia de lo que ocurre en otras provincias grandes, en La Plata no es sencillo el trabajo de las ONG de control constitucional, de hecho son muy pocas las que tienen presencia. Técnicos de Directorio Legislativo fueron amenzados cuando relevaban información para la versión 2008/09 del directorio bonaerense, donde sólo se consignan datos del currículum de los 92 diputados y 46 senadores, la mayoría de los cuales son desconocidos por los ciudadanos.

Sin proporcionalidad.

Los especialistas también llaman la atención sobre el régimen municipal. Por ejemplo, en la provincia no se puede votar a un intendente de un partido político y a concejales de otro, como podría pretender un elector que priorice el control de la gestión. "Es imprescindible marchar hacia un modelo electoral que permita elegir por separado a los concejales de los intendentes. En la ley orgánica municipal, el Concejo Deliberante debería ser tratado como órgano legislativo pleno", sostuvo José Alberto Bonifacio, politólogo de la Universidad de Palermo (UP).
Peso eso no es todo. La voluntad popular podría no traducirse fielmente en la composición de los concejos. "En la distribución de bancas se aplica el sistema de reparto del cociente, que claramente beneficia al primer partido en votos, deformando el principio de la proporcionalidad. De este modo, un partido que obtiene el 40% de los sufragios puede llegar a ganar 10 de las 12 bancas de concejales. Si se aplicara el sistema proporcional D'Hondt a la actual composión de los deliberativos, hallaríamos que hay concejales electos con cero votos en varios municipios", afirmó López Göttig.
Para Delia Ferreira Rubio, presidenta de Poder Ciudadano, "el problema más serio en Buenos Aires no es propiamente electoral, sino de régimen municipal porque, en lugar de aplicar un criterio de municipio-vecindario, aplican uno municipio-partido que desnaturaliza la esencia del gobierno local que es la cercanía entre las autoridades y la población".

Publicado en La Nación, 27 de junio del 2009.

Recuperar el equilibrio.

Por Ricardo López Göttig (Para LA NACIÓN)

Mucho se habla de la República en estos tiempos de renovación legislativa, en un Congreso que, inesperadamente, se convirtió en un escenario de debate crucial para la desaprobación de los impuestos a la exportación el año pasado.
Nuestra República es claramente presidencialista, quizás hiperpresidencialista dado el uso de los decretos de necesidad y urgencia en los últimos veinte años, y las continuas delegaciones de poderes por parte de los legisladores en el Poder Ejecutivo. Alberdi, el gran propulsor de un Ejecutivo fuerte, tomó como modelo la "república portaliana" entonces vigente en Chile, en la que el primer magistrado se aproximaba a una institución monárquica, electiva cada quinquenio. Bien sabemos que el modelo constitucional republicano, a mediados de la centuria decimonónica, era el de los Estados Unidos, que tiene un presidente fuerte y visible. Pero, ¿fue este el propósito de los constitucionalistas de los Estados Unidos, cuando redactaron el texto de 1787?
Curiosamente, la historia constitucional de los Estados Unidos tiene otro punto de partida. Durante el tiempo en que existían las trece colonias británicas, en estas había asambleas legislativas que controlaban a los gobernadores, la mayoría de los cuales eran representantes de la Corona, en tanto dos de ellos -Rhode Island y Connecticut- eran elegidos por estas legislaturas compuestas por los habitantes locales. En el breve e intenso período de 1774 a 1788, en varios estados se redactaron nuevos textos constitucionales que otorgaban la supremacía a los cuerpos legislativos, quedando los gobernadores rehenes de los órganos deliberativos, sin una verdadera capacidad ejecutiva. Es que pervivía la desconfianza hacia los poderes ejecutivos, que hasta entonces habían desempeñado representantes de la Corona, así como había una ingenua suposición de que un cuerpo legislativo elegido por los ciudadanos jamás habría de vulnerar las libertades individuales. Esos catorce años ayudaron a fecundar el concepto de los equilibrios y contrapesos entre los tres poderes que componen el gobierno, de modo que ninguno de ellos pudiera imponer su voluntad a los otros. La limitación del poder, entendían los constitucionalistas de los nacientes Estados Unidos, habría de asegurar un gobierno libre emanado de la elección en las urnas. Los frutos de esas experiencias estaduales se aprovecharon en la constitución federal de la nueva nación, creando un entramado de controles y contrapesos que ha venido funcionando en aquellas latitudes, sin interrupciones, durante más de dos siglos. El Congreso y el Poder Judicial, en particular su Corte Suprema, han puesto claras vallas al poder presidencial estadounidense en repetidas ocasiones sin que ello hiciera temblar la gobernabilidad y la fe en la democracia.
Los antecedentes institucionales en Iberoamérica, muy diferentes a la experiencia de aquellas trece colonias, no comprendían la existencia de las asambleas legislativas, autonomías municipales, juicio por jurados o el espíritu asociativo que asombraron a Tocqueville y Sarmiento. De allí que el modelo republicano presidencial en Hispanoamérica acentuó más las tendencias a la concentración del poder en un Ejecutivo fortísimo, con escasos contrapesos institucionales y políticos.
Recuperar los equilibrios y devolverle protagonismo al Congreso es uno de los desafíos de la democracia argentina, a fin de asegurar los beneficios de un gobierno para el pueblo, por el pueblo y responsable ante el pueblo en los años por venir.

Publicado en La Nación, 18 de mayo del 2009.