domingo, 29 de noviembre de 2009

Pepe Mujica, el heredero de Neville Chamberlain.

Pepe Mujica, candidato a la presidencia de la República Oriental del Uruguay, dijo sobre el encuentro en Lula y Ahmadinejad: "Cuanto más se haga un cerco a Irán, tanto más será peor para todo el mundo. Lo que está haciendo Lula me parece notablemente inteligente. La vida me enseñó que uno no debe acorralar. Es un error acorralar. El que acorrala obliga [al otro] a luchar... El mundo no necesita guerras. Necesita salidas". Propongo cambiar "Irán" por "Tercer Reich", y "Lula" por "Neville Chamberlain", el primer ministro británico que creyó que había logrado la paz con Adolf Hitler.
¿Qué opinaba Pepe Mujica hace 20 años sobre el aislamiento y el bloqueo a países como Sudáfrica durante el apartheid, o con respecto a dictaduras como la de Pinochet, la de Argentina o la de Uruguay?
Espero que se produzca un milagro y que los uruguayos voten por Lacalle para presidente.

miércoles, 25 de noviembre de 2009

En torno a Jenofonte y la estabilidad de los gobiernos.

Por Ricardo López Göttig

El historiador y filósofo griego Jenofonte, al reflexionar sobre la estabilidad de los monarcas de Lacedemonia, sostuvo que ésta se debía a que los reyes “jamás ambicionaron una autoridad más extensa que la que recibieron con el cetro”[1]. En términos modernos, esto significaría que la estabilidad y la gobernabilidad estarían íntimamente vinculadas al estricto cumplimiento de las funciones establecidas del gobierno. Para los antiguos, el monarca se limitaba a sí mismo por su formación virtuosa, depositando la confianza en el carácter de la persona que ocupara el trono. Al príncipe se lo formaba desde muy joven en los valores del heroísmo, la prudencia y la austeridad, de modo que fuera un gobernante equilibrado y respetuoso de las tradiciones. De allí que hayamos heredado tantos libros de educación para príncipes, ya sea en formas de tratados de política, ya como novelas y fábulas de contenido moral. Pero bien sabemos que el límite autoimpuesto del carácter personal es fácilmente franqueable, que los humanos nos dejamos vencer por la tentación de la acumulación del poder y de su uso arbitrario, y por ello fue preciso que surgiera el constitucionalismo, que busca limitar el poder y equilibra al ejecutivo con un parlamento y un poder judicial, previo reconocimiento de que hay libertades fundamentales que no deben vulnerarse.
Aun cuando hemos aprendido, a lo largo de los siglos, a ser escépticos en cuanto al poder político, no por ello las reflexiones de Jenofonte pierden su vigencia. Porque si bien él no meditó en términos del contractualismo, podría observarse que estaba implícito que el poder del monarca no se concebía como omnipotente e ilimitado. Buena parte de los problemas que hoy afectan a las naciones iberoamericanas podría tener su causa en esa ambición de los gobernantes de excederse en sus funciones, traspasando los límites establecidos y que, en nombre de “hacer el bien”, han hecho mucho daño. Esta ambición de extender el poder genera fricciones, choques y enfrentamientos con la sociedad civil, los congresos, los poderes judiciales, la prensa independiente y las fuerzas opositoras. Por consiguiente, el disenso –que es pacífico- degenera en conflicto –que es violento-, afectando severamente la convivencia pluralista propia de una democracia.
La paradoja es, pues, que un gobierno que quiera continuar en el tiempo, debe ceñirse a la Constitución y las leyes. Quien las vulnera, siembra las semillas de su propia inestabilidad e ingobernabilidad.

[1] Jenofonte, Vida de Agesilao. En Historia Griega, Barcelona, 1984, Iberia. Tomo I.

martes, 17 de noviembre de 2009

20 años de la Revolución de Terciopelo.

Hace tan sólo 20 años atrás, comenzaba inesperadamente la Revolución de Terciopelo en la ex Checoslovaquia. El inicio fue una marcha de estudiantes de la Universidad Karlova de Praga para recordar la muerte del estudiante Jan Opletal en manos de los nazis, en 1939. Esta marcha se transformó en un reclamo pacífico por el fin del partido único, tal como venía ocurriendo en Hungría, Polonia y la entonces Alemania oriental.
Duramente golpeados por la policía, este reclamo fue acompañado por los artistas e intelectuales con manifestaciones tranquilas y pacíficas en las plazas de toda Checoslovaquia en los días siguientes.
La disidencia se agrupó en el Foro Cívico (República Checa) y la Opinión Pública Contra la Violencia (Eslovaquia). Finalmente, ante el masivo apoyo que estos dos movimientos disidentes tuvieron en una huelga del día 27 de noviembre, el todopoderoso Partido Comunista se avino a negociar la transición ordenada hacia un régimen parlamentario pluralista y la economía de mercado. Sin el sostén de los tanques soviéticos, el régimen del socialismo real implotó y se desplomó.
Hoy, la República Checa y Eslovaquia son dos naciones pujantes y libres en el centro de Europa. Se ha derrumbado la oprobiosa censura que estancó las artes, la literatura, la música y el pensamiento. Se terminó la tortura y la persecución a todo aquel que no se adhería al pensamiento único del marximo-leninismo, que era la religión oficial que se impartía en los jardines de infantes, los colegios, las universidades, las academias, la prensa, los libros, las revistas, la televisión, la radio, los deportes...
Signos del progreso han sido la extensión de las expectativas de vida en cinco años, las mejoras en el medio ambiente, la alimentación, la salud, la educación, la modernización de la economía, la apertura al resto del mundo.
La Revolución de Terciopelo es un magnífico ejemplo de cómo la no violencia es la mejor herramienta para lograr la libertad de los pueblos aún sometidos a férreas dictaduras totalitarias en el mundo.

domingo, 15 de noviembre de 2009

Desestabilización.

Es propio de los mediocres presidentes que tenemos, que ante cualquier problema salgan a agitar que hay conspiraciones en su contra, producto de grupos que quieren "desestabilizar". Como si estuviésemos en la República de Weimar, azotados por dos grupos antagónicos que, en los extremos ideológicos, intentaran derribar el orden constitucional.
Pero esa "desestabilización" del sistema democrático, con marchas y contramarchas en las calles de Buenos Aires, es el resultado de años de permitir que cualquier grupúsculo pudiese cortar la circulación para demandar cualquier cosa, en nombre de sus "derechos". Así, vemos que hay "piquetes" oficialistas y opositores, y hasta Moyano sale a acusar a la "zurda loca". Ni Néstor Kirchner ni Cristina Fernández de Kirchner se preocuparon en lo más mínimo por desactivar pacíficamente a estos "movimientos sociales" que, encapuchados y con palos en las manos, toman las calles, impiden la circulación y hasta amenazan con tomar edificios estatales.
La "desestabilización" era una bandera que agitaba Raúl Alfonsín para denostar a todos sus opositores, a los que acusaba sin distingos de golpistas. A Fernando de la Rúa lo desestabilizaron la oposición justicialista, el "gran timonel" del conurbano y algunos medios masivos de comunicación, que irresponsablemente hicieron una intensa campaña para derribar a un gobierno legítimo y legal, aunque conducido por un personaje al que no voté.
Este gobierno se "desestabiliza" al olvidar deliberadamente su contrato social básico, el que está en la Constitución, que es el de preservar y garantizar el pleno goce de las libertades individuales y el derecho de propiedad. Se viene "desestabilizando" por su notoria corrupción, arbitrariedad e incapacidad. Se está socavando cada día su propia base electoral, con contínuos atropellos a la prensa, al poder judicial, al Congreso, a los organismos de control. Se está desestabilizando al agravar las causas que están multiplicando la pobreza, la indigencia y la inseguridad.
Quiero que Cristina Fernández de Kirchner termine su mandato y luego recorra los tribunales, al igual que su marido y sus ministros, después de tantas violaciones a la Constitución y a las leyes.

martes, 10 de noviembre de 2009

Recordando a Bryce.

Por Ricardo López Göttig

Para el ciudadano común, para quienes participan en política partidaria, e incluso para la gran mayoría de los académicos, el nombre de James Bryce es desconocido. Este aristócrata escocés, que viajó hacia fines del siglo XIX a los Estados Unidos, en donde luego representó a la Corona británica como Embajador a comienzos del siglo XX, tuvo una enorme influencia con sus escritos en la formación de los partidos políticos modernos de la Argentina.
Autor del voluminoso y erudito American Commonwealth, Bryce siguió los pasos de Alexis de Tocqueville y describió el sistema constitucional de los Estados Unidos, así como analizó el sistema de partidos políticos que se había desarrollado en ese país democrático. En 1890, en plena efervescencia revolucionaria en las costas del Plata con la formación de la Unión Cívica frente al “unicato” del entonces presidente Miguel Juárez Celman, dos ejemplares del libro arribaron a estas latitudes. Fueron comprados y analizados por dos lectores inteligentes: Virgilio Tedín y José Nicolás Matienzo, ambos cercanos a los objetivos de la UC. De sus páginas, conocieron el sistema de las convenciones partidarias, el método de elección interna de los candidatos y de aprobación de las pautas programáticas. Fue así como expusieron este modelo de vigorosa participación cívica a las autoridades de la UC, que adoptaron este sistema y proclamaron, en 1891, la fórmula presidencial Bartolomé Mitre- Bernardo de Irigoyen en la primera convención partidaria argentina celebrada en Santa Fe. Fue tal el entusiasmo que despertó esta convención partidaria, que las otras formaciones políticas fueron adoptando este sistema de gobierno interno en los años venideros, sin que hubiera una legislación que los obligara a ello.
James Bryce definía a los partidos políticos estadounidenses como el vapor que mueve a las máquinas. Sin esta energía, todo el sistema institucional carecía de sentido. Su descripción del sistema político y partidario no era ingenua. Muy por el contrario, su análisis es descarnado y describe detalladamente los sistemas de influencias, la formación de los “círculos”, las manipulaciones en los “caucus” partidarios y el tráfico de influencias, votos y favores que, en caso de ganar el candidato al que se respaldaba, se traduciría en empleos públicos. Pero estas “máquinas”, los partidos políticos, ponían en movimiento las ideas, la prensa, las asambleas de ciudadanos que discutían con pasión las bondades y deméritos de candidatos y propuestas. Esto distinguía a la democracia estadounidense del resto de las repúblicas, en las que un estrecho círculo de “notables” en cada partido era el que designaba los candidatos, completamente alejados de sus conciudadanos.
La propuesta de reforma política de la presidenta de la República Cristina Fernández de Kirchner puede ser buena y hasta despertar alguna esperanza de que los partidos políticos retornen a la sana práctica de elegir sus candidatos en las urnas, como venía ocurriendo regularmente hasta el año 2001. Pero para ello no se precisa de una ley, sino de la decisión en cada partido de ser ejemplo constante de vida democrática y pluralista, de rendición de cuentas ante el afiliado y de aceptar las reglas de la competencia, la alternancia y la transparencia en su organización interna, para recuperar el prestigio que han perdido ante los ciudadanos.

Artículo publicado por CADAL, martes 10 de noviembre del 2009.

sábado, 7 de noviembre de 2009

Siguen las amenazas de los mafiosos.

El sindicato de camioneros, manejado por la dinastía Moyano, sigue imponiendo sus condiciones y nuevamente ha bloqueado la distribución de los diarios Clarín y La Nación. Hoy, día del canillita, están boicoteando el reparto de estos diarios en la Ciudad de Buenos Aires y el conurbano, y ha habido denuncias de que están mojando ejemplares para impedir su venta. ¿Qué está haciendo el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner ante estos atropellos a la libertad? Nada, absolutamente nada, mirando como desde lejos cómo se vulneran derechos fundamentales de los ciudadanos.

jueves, 5 de noviembre de 2009

Moyano, el mafioso.

Los camioneros de Hugo Moyano, en el día de ayer, se apostaron frente a los diarios Clarín y La Nación para bloquear la salida, y así lograr imponer sus demandas. Es una actitud claramente mafiosa la de este dirigente kirchnerista, a quien el gobierno nacional deja hacer con total impunidad. Se obstaculiza la libertad de comercio y de información, pero la presidenta Cristina Fernández de Kirchner y sus ministros se preocupan por concentrar más y más poder, mientras estas hordas fascistas se apoderan de las calles de Buenos Aires.
Lo mismo viene ocurriendo desde hace ya varios años con los legionarios fascistas de Luís D'Elía, que interrumpe el tránsito con su grupo de encapuchados, armados con palos. Es lo que ocurrió en Jujuy, en donde el grupo de amedrentamiento autoritario de Milagro Sala intentó acallar al senador Morales.
La existencia de estos grupos mafiosos está dañando severamente el orden constitucional, tal como ocurrió en la Europa de los años treinta, en donde las SA de Adolf Hitler atacaban, golpeaban y callaban a la fuerza a todos los que no pensaban como ellos. Lo mismo pasó con los legionarios fascistas de Mussolini, así como los milicianos comunistas en otras naciones. La sombra totalitaria casi logró destruir la civilización occidental en esos años, provocando muertes, destrucción, miseria y guerra.
Este gobierno, que ha salido de las urnas, ¿hasta cuándo seguirá apañando a estos grupos mafiosos autoritarios que vulneran los derechos fundamentales que reconoce nuestra Constitución? ¿Queremos volver a las viejas y nefastas prácticas de la Alianza Libertadora Nacionalista, el grupo de choque del general Perón? Quiero vivir en paz y libertad, y no volver a esa pesadilla que fueron los años setenta, en los que tanta sangre corrió en nombre de un general que alentó a todos los demonios, sólo para morir sentado en el sillón de Rivadavia.

domingo, 1 de noviembre de 2009

Discurso racista.

A fuerza de repetirlo, uno y otra vez, se está creando un fuerte discurso racista en Argentina. Esto es sumamente preocupante, porque se está imponiendo un enfrentamiento que tendrá consecuencias muy negativas para esta sociedad, porque seguirá perdiendo terreno el pluralismo, la libertad y el individualismo.
¿El individualismo? ¡Cómo! ¿No es nuestro gran mal, criticado por tantos? El individualismo, muy por el contrario, supone reconocer los méritos y las responsabilidades de cada persona en particular, desatendiendo a qué grupo étnico, social, lingüístico, religioso o político. El individualismo destruyó la sociedad estamental y está eliminando las castas. Es el gran enemigo del racismo -que cree en un determinismo genético- y de todos los colectivismos.