martes, 11 de diciembre de 2012

Educación pública y privada.


Señor Director, 

Advierto en noticias y comentarios referidos a la situación educativa uruguaya cierto tono de lamentación por el crecimiento de la cantidad de alumnos en las escuelas privadas, como si esto fuese reprochable en sí mismo. Algunos medios parecieran hacer mención a la educación privada en un tono de disculpa, vergonzante, como si esta no debiera existir, y que es tolerable como un mal menor pero que, en lo posible, habría que remediar a corto plazo.
Muy por el contrario, creo que la iniciativa privada en la educación debe ser bienvenida, porque crea instituciones que permiten la innovación, la atención personalizada de los alumnos y un clima favorable al estudio. Muchas han sabido incorporar nuevas metodologías y tecnologías, logrando mejores resultados, porque no están atadas a la burocracia. Lo que es reprochable, sí, es que el sistema estatal no atienda a estas señales y persista en su condición decadente. 
América latina está prisionera de la mentalidad estatista, que mira con recelo a la innovación privada, y como si sólo desde la esfera pública pudieran brindarse más y mejores oportunidades para educarse, como herramienta del ascenso social. Debemos despojarnos de esa “sospecha” hacia la iniciativa privada en la educación y ésta, a su vez, debe mostrar y seguir demostrando sin complejos cómo enriquece en capacidades y conocimientos a sus estudiantes. 


Carta publicada en el semanario Búsqueda, jueves 6 de diciembre del 2012.