jueves, 14 de febrero de 2013

La "vía uruguaya" al socialismo.


Señor Director, 

He leído con interés el reportaje al ministro Daniel Olesker, en el que incursiona brevemente en la filosofía política, esbozando los rasgos de lo que, a su criterio, debería ser un eventual tercer gobierno del Frente Amplio.
Es curioso que Olesker se refiera a la visión clásica de Karl Marx, quien suponía que el socialismo sería una etapa posterior a un capitalismo industrial plenamente desarrollado, como el que estaba recién en sus fases iniciales en Gran Bretaña, Estados Unidos, Francia y Alemania en el siglo XIX. Esto tenía una significación para Marx y Engels, y es que el obrero industrial tomaba conciencia de su clase y de su “explotación” en el trabajo mecanizado, que lo “alienaba”. Para Marx, no era el campesino un revolucionario, sino precisamente lo contrario: un reaccionario. Tampoco lo era el marginal, al que denomina “lumpenproletariat”. Basta con leer “El 18 Brumario de Luis Napoleón Bonaparte”, para comprender su visión sobre estos sectores de la sociedad capitalista francesa. El socialismo marxista, o “científico”, era de fábricas de chimeneas humeantes, de despliegue de la industria, que barría con lo artesanal y la naturaleza.
Pues bien, creo que la República Oriental del Uruguay está bastante lejos de una situación de esas características. 
Confundir “socialismo” con una fuerte presencia estatal es otro error: Marx concebía al socialismo en tanto dictadura del proletariado –es decir, de los obreros industriales con conciencia de clase-, que tomarían los medios de producción con los que estaban trabajando. Pero Olesker parece haber olvidado las experiencias ruinosas del socialismo real de la Unión Soviética, de los países de Europa oriental, e incluso de aquellos que intentaron vías nacionales hacia el socialismo, como la ex Yugoslavia o China bajo Mao Zedong. En ninguno de estos países gobernaron los obreros industriales, sino los aparatos partidarios con una disciplina rígida, centralista, tal como la concibió Lenin para alcanzar y mantener el poder en la URSS. 
Concedamos que el ministro Olesker, quizás por la brevedad de un reportaje, no haya podido explayarse en profundidad. Porque Karl Marx no escribió sobre cómo sería el socialismo, más allá de que lo consideraba una etapa intermedia para arribar, inexorablemente, a la era final, que era el comunismo. Entonces, ¿en qué se basaron los bolcheviques para diseñar el estado soviético? En el modelo de economía centralizada del Kaiser Guillermo II, de Alemania, durante la primera guerra mundial. ¿A Guillermo II lo podríamos considerar como el primer socialista, formaría hoy parte del Frente Amplio? No lo creo, pero quizás el ministro Olesker lo incorporaría como un camarada de ruta hacia el protosocialismo.
Es interesante que no haya hecho mención, tampoco, de los intentos fracasados del socialismo por crear sociedades de consumo en Checoslovaquia, Hungría y Polonia durante los años sesenta y setenta. De algún modo debían legitimarse esos regímenes totalitarios, y procuraron hacerlo incentivando el consumo de electrodomésticos, automóviles y vacaciones en Bulgaria… Hungría, bajo el régimen de Kádár, recibió créditos baratos de Occidente para desarrollar su industria, un sistema que se conoció con el rótulo de “socialismo gulash” que permitió algunas rendijas de iniciativa privada para darle aire a una economía estancada de planificación central. ¿Ha olvidado, acaso, el atraso tecnológico que hubo en los países socialistas en comparación con el Occidente democrático? ¿Y las constantes violaciones a las libertades individuales, los genocidios masivos, las purgas, la persecución a todo pensamiento independiente, la censura y el deterioro ambiental? ¿Desconoce que hubo una “biología socialista” con dogmas impuestos desde el poder y que tuvo resultados catastróficos?
Hemos visto, un mes atrás, cómo se desvaneció en el aire la famosa profecía maya del fin del mundo. Se han escuchado, durante un siglo y medio, varios anuncios del “fin del capitalismo”: después de la primera guerra mundial, con la crisis de 1929, tras la segunda conflagración planetaria, en los años sesenta, con la crisis financiera de 1987, y ahora con la crisis europea… Pero es que se empeñan en suponer que la economía de mercado es un sistema manejado por unos pocos hilos, cual titiriteros, en lugar de concebirla como un proceso dinámico de millones de interacciones espontáneas que crean y recrean las posibilidades de la producción. 
Por último, no deja de asombrarme esta versión “new age” y “post materialista” del socialismo, que privilegia el “ser” sobre el “tener”, muy acorde a estos tiempos de espiritualismo a la carta, evanescente como lectura playera de verano. Sea como fuere, bienvenido el debate de la filosofía política.


Publicado en el semanario Búsqueda, jueves 14 de febrero del 2013.