viernes, 25 de octubre de 2013

Los dilemas de Sergio Massa.

Por Ricardo López Göttig

La figura emergente de esta campaña electoral es Sergio Massa, que ha sabido ocupar un espacio en las expectativas de la opinión pública tras diez años de kirchnerismo. Exhibe su gestión como intendente del municipio de Tigre, lugar de atracción turística para los vecinos del resto del conurbano bonaerense. Es conocido por su paso en la administración del ANSES durante los períodos de Eduardo Duhalde y Néstor Kirchner, así como por haber sido Jefe de Gabinete de ministros con Cristina Fernández de Kirchner. Tan notorio es su nivel de exposición mediática, que ya fue dos veces candidato a diputado en las listas del partido oficialista, en 2005 y 2009, pero en ambas ocasiones renunció a ocupar la banca.
Con gran cautela, Sergio Massa evita pronunciarse sobre su posible candidatura presidencial para el 2015, pero no podrá evitar una definición luego de las elecciones ni, mucho menos, durante el año próximo. Su postulación y, sobre todo, la adhesión que supo cosechar en la provincia de Buenos Aires durante las primarias obligatorias, lo han colocado en el centro de atención. El dilema es ¿cómo hará para sostener expectativas tan altas durante dos años? ¿Cómo logrará articular y mantener una alianza con distintos sectores del peronismo desde una banca en la Cámara de Diputados? ¿Cómo hará para seguir evadiendo definiciones sustanciales sobre la economía, dejando de dar guiños a unos y otros? Ahora, el jefe comunal tigrense está utilizando la táctica del catch all, el candidato que pretende atrapar todo sin apuntar a ningún sector en especial con enunciados muy generales, tal como se refleja en la composición de su lista de candidatos.
Antonio Cafiero, electo gobernador de la Provincia de Buenos Aires el 6 de septiembre de 1987, fue derrotado pocos meses después por Carlos Menem el 9 julio de 1988, en los comicios internos del Partido Justicialista. El triunfo de hoy no garantiza la victoria de mañana.
Esta es una de las diferencias sustanciales de Argentina con las democracias parlamentarias europeas, en donde el líder de la bancada de oposición se perfila durante años como el principal rival para ser jefe de gobierno, demostrando durante un largo período sus virtudes y defectos. También lo es con la agotadora selección por primarias en los Estados Unidos, un proceso que dura un año en el que se van decantando los precandidatos en una carrera con varios obstáculos. En el caso argentino, en cambio, resulta difícil discernir quién es el líder más nítido de las fuerzas opositoras, no sólo por su dispersión, sino también por ser un sistema basado en candidaturas negociadas por cúpulas partidarias.
Una vez más, asistimos a un año electoral que nos deja más interrogantes que respuestas.


El autor es Doctor en Historia y Analista de CADAL.

Publicado en el diario Río Negro, 25 de octubre del 2013.

martes, 15 de octubre de 2013

El sueño copernicano.

Desde hace muy pocos siglos sabemos que la teoría geocéntrica estaba equivocada y que el sol y los planetas no rotan en torno a la Tierra. Los postulados de la astronomía ptolemaica eran erróneos, pero tuvieron una extensa aceptación por parte de los científicos durante centurias.
Copérnico desarrolló o, mejor dicho, retomó la teoría heliocéntrica y colocó al sol en el centro del sistema, con los planetas rotando circularmente. Esta conjetura era imperfecta, porque tampoco lograba explicar el movimiento planetario, tal como lo demostraban las observaciones. Johannes Kepler sostuvo que los planetas no describían círculos, sino que se desplazaban en el espacio en forma de elipse. 
Si bien Copérnico y Kepler se aproximaron a la verdad, su visión estática del sistema solar es también errónea. Porque el Sol se desplaza en el espacio, "arrastrando" a los planetas junto a él, moviéndose en forma helicoidal por este enorme universo en expansión. Estamos acostumbrados a ver en los manuales al sistema solar como un plano fijo, y nos atenemos por sencillez a ese esquema. 
Tomo este ejemplo para referirme al estado actual del debate en las ciencias sociales y, en particular, en la política. Los escasos argumentos que se esgrimen parecen estar en la etapa entre los defensores del modelo ptolemaico, geocéntrico, y los copernicanos, del heliocéntrico. A mi modo de ver, los ptolemaicos de hoy son aquellos que sostienen la necesidad de distintas formas de planificación de la sociedad y la economía, los ingenieros sociales; en tanto que los copernicanos somos aquellos que vemos gruesos errores y catastróficas consecuencias en aquella concepción. No obstante, los copernicanos no hemos logrado avanzar mucho más allá: ya basta de decir, una y otra vez, que los ptolemaicos están equivocados. Debemos proseguir en el estudio de la sociedad abierta y dejar de entronizar a nuestros Copérnicos como si fuesen infalibles. Hay que reconocer sus méritos, su poderosa intuición que nos llevó a dar un paso relevante, pero de ningún modo dejar de cuestionar sus equivocaciones, su visión fija del sistema. 
Sostener que los otros están errados no significa que se esté más próximo a la verdad. Considero que estamos atrapados en la idea de la rotación en un plano y hay autores que no hacen más que llevarnos por callejones sin salida, como lo hizo Tycho Brahe en la astronomía, envueltos en sus argumentos dogmáticos sin comprobación empírica, a los que sencillamente hay que dejar en un costado poco visitado de la biblioteca.
Hay que observar, estudiar, aproximarse a las personas para comprenderlas. "Hay más cosas en el cielo y en la tierra que las que sueña tu filosofía", nos dice Hamlet, y procuraré recordarlo más seguido.

jueves, 3 de octubre de 2013

Sospechosa Banda Oriental.

Por Ricardo López Göttig

En la relación tensa que viene sosteniendo el kirchnerismo con la República Oriental del Uruguay, se pueden descubrir los cuestionamientos que un sector importante de la política argentina siente hacia la antigua Banda Oriental, cuya independencia se acepta a regañadientes.
Hay una corriente influyente de larga data en la historiografía argentina, el llamado “revisionismo histórico”, que cuestiona la legitimidad del nacimiento de la República Oriental del Uruguay. Rodolfo Irazusta, por ejemplo, en 1930 escribió en el semanario La Nueva República el artículo “La segregación de la Banda Oriental, máxima culpa liberal”, en el que consideró a la independencia de Uruguay como una “amputación”. De no haberse producido ese cercenamiento, según Irazusta, “los poderes del Estado argentino serían más extensos e intensos y sus gobernantes no estarían a la merced de una turba incontrastable formada con el desecho de todos los pueblos del mundo”. Unos veinte años después, otro autor de la misma corriente, Ernesto Palacio, utilizó el término “mutilación” en su difundida Historia de la Argentina. Ambos eran nacionalistas católicos y, como tales, consideraban a la nación como un cuerpo –de ahí las metáforas- con un alma protegida por la religión. La influencia de este pensamiento es posible advertirla desde los años treinta en adelante en gran parte de las Fuerzas Armadas argentinas, así como en reductos de la intelectualidad, en la Iglesia Católica y en los sectores más “ortodoxos” del peronismo.
El kirchnerismo, en su afán por crear un nuevo relato histórico que le brinde legitimidad, ha dado nuevos bríos al revisionismo histórico aunque sin el contenido religioso. Por decreto presidencial, se creó en el 2011 el Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Argentino e Iberoamericano Manuel Dorrego, formado por figuras de carácter mediático con pretensiones intelectuales y algunos docentes universitarios con militancia en el partido del gobierno. Es la usina que provee de discursos maniqueos, sin rigor académico y fuera de contexto histórico al discurso oficial de Cristina Fernández de Kirchner.
Una utilización irresponsable de la Historia, empleada como una herramienta más al servicio del poder, sembrando semillas de discordia entre ambas naciones. Otro daño que nos deja el populismo en América del Sur  y que demandará mucho tiempo y esfuerzo en ser reparado.