domingo, 30 de enero de 2011

Tocqueville y Argelia.

Por Ricardo López Göttig (Para el Club del Progreso)

Alexis de Tocqueville es recordado por dos grandes libros: “La democracia en América”, fruto de su viaje a los Estados Unidos y que le dio gran notoriedad en la Francia de la monarquía de Julio, y “El Antiguo Régimen y la Revolución”, primera parte de sus estudios inconclusos, publicado tres años antes de su muerte prematura, en tiempos del Segundo Imperio. El primero de sus libros le sirvió para iniciar su carrera parlamentaria; el segundo, fue el resultado de su retiro de la arena política, dado su rechazo al emperador Napoleón III.
Pero en general se pasa por alto que Tocqueville fue diputado durante el reinado de Luis Felipe de Orléans, y luego asambleísta constituyente y ministro de Relaciones Exteriores durante la Segunda República. En su actuación parlamentaria, prestó especial atención a la posición internacional de Francia y visitó en dos ocasiones Argelia, que desde 1830 era posesión colonial gala en el norte de África. Conquistada por iniciativa de Carlos X para ganar popularidad en los últimos días de su reinado, los sucesivos gobiernos de Francia en los siglos XIX y XX –monarquía, imperio y república- mantuvieron a Argelia dentro de sus dominios coloniales hasta 1962, año en que el presidente Charles de Gaulle reconoció su independencia tras una cruenta guerra.
¿Cuál fue la posición de Alexis de Tocqueville sobre Argelia? Podemos conocer sus ideas y programas gracias a sus escritos, que engrosan los varios volúmenes de sus obras completas. Adentrémonos, pues, a su pensamiento.
El primero de los textos de Tocqueville sobre Argelia data de 1837, cuando publica dos extensas y eruditas cartas en La Presse de Seine-et-Oise, en plena campaña electoral para ganar un escaño por el distrito de Versalles. Ya diputado por Valognes, en Normandía, a partir de 1839, persiste en su interés por la cuestión argelina. Vuelve a escribir, entonces, en 1841 algunas notas de su primer viaje y un Travail sur l’Algérie. En este periplo fue nuevamente con Gustave de Beaumont –su compañero en el célebre viaje a los Estados Unidos-, también diputado. Realizó una segunda visita en 1845, tras haber intentado –en vano- impulsar algunas de sus ideas sobre la cuestión argelina en el parlamento francés. Las circunstancias del nuevo viaje fueron diferentes, ya que la colonia estaba seriamente amenazada por Abd-el-Kader.
Hay que decirlo con claridad: Alexis de Tocqueville era un firme partidario de la colonización de Argelia, no un crítico. Su interés en esta colonia era lograr que se constituyera en parte efectiva de Francia, y para ello sugiere tener en cuenta una serie de políticas. Y aquí encontramos a Tocqueville y sus propuestas clásicas: la descentralización administrativa –todas las decisiones se tomaban en la metrópoli, hasta los mínimos detalles-, la representación de los vecinos y la vida municipal, el respeto a la propiedad privada. Conciente del abismo que había –y sigue habiendo- entre occidentales y musulmanes, propone respetar las costumbres locales y no establecer leyes comunes, dada la falta de distinción entre el Corán y la ley civil en el mundo islámico. Precisamente, uno de los aspectos que señala en su temprano escrito de 1837 es que los franceses ignoraban las costumbres locales y que, en lugar de implantar su propio sistema en Argelia, deberían haber conocido y conservado las normas vigentes durante largo tiempo e ir transformándolas con el transcurrir de los años. Creo que Tocqueville suponía que, después de varios decenios, hubiera sido posible la fusión de las culturas en Argelia. En esa colonia del Magreb habitaban varios grupos étnicos y él propuso actitudes diferentes para cada uno de ellos, de modo de poder mantener el orden y alcanzar la paz.
¿Por qué era importante asegurar esta colonia? Para Tocqueville, Francia debía poseer una colonia en el Mediterráneo para hacer un balance con respecto a la presencia británica en esas aguas. La “cuestión de Oriente”, nombre con el que se conocía el reparto del desfalleciente imperio Otomano en manos europeas, era de importancia mayúscula para las grandes potencias del Viejo Continente. Rusia, Gran Bretaña, Francia y Austria codiciaban porciones de ese gigante moribundo. Por otro lado, consideraba que un retiro francés de la costa argelina hubiera significado un enorme desprestigio para su país, así como la inminente conquista de ese país en manos británicas. Los rusos tenían ambiciones sobre Constantinopla, de modo de asegurarse la salida del Mar Negro; los gobiernos del Reino Unido tenían su mira puesta en Egipto, para asegurar su ruta marítima hacia la India.
Pero esto no significa que Alexis de Tocqueville no estuviera en abierto desacuerdo con la gobernación militar de la colonia, que a su vez dependía del Ministerio de Guerra en París, tornando la administración cotidiana en una maquinaria centralista, lenta y arbitraria. Tocqueville auspiciaba un ministerio de Argelia, el nombramiento de un gobernador civil y la creación de instituciones municipales para descentralizar la administración. Proponía que los europeos instalados en Argelia tuviesen los mismos derechos que en Francia, a saber: libertad de prensa, garantías procesales, respeto a la propiedad, gobierno municipal. Distinguía entre europeos, árabes y cabilas. Tocqueville recelaba del Islam, al que consideraba funesto y fatalista. Estaba en desacuerdo con la construcción de mezquitas por parte de la administración colonial, con las ayudas para peregrinar a La Meca, o bien con la educación de la élite árabe en las escuelas de la metrópoli. Calló cuando se supo de algunas atrocidades cometidas por las tropas francesas en su guerra contra los caudillos árabes. Pero sí sentía gran simpatía por la población de origen cabila, ya que consideraba que tenía un gusto instintivo por la libertad y el autogobierno.
Se trata, entonces, de un Tocqueville muy diferente del que conocemos a través de la lectura de sus obras más célebres.
Y es que –no lo olvidemos-, era un hombre de la centuria decimonónica, en la que contradictoriamente se entretejían ideas de libertad con pasiones nacionalistas, deseos de igualdad con sueños imperiales.

Bibliografía consultada:

Tocqueville, Alexis, Sur l’Algérie. París, Flammarion, 2003.
Jardin, André, Alexis de Tocqueville, 1805-1859. México, FCE, 1997.
Bégin, Christian, “Tocqueville et l’Algérie”, en The Tocqueville Review/La Revue Tocqueville, Université de Toronto, Vol. XXX, n° 2, 2009.

Publicado en el sitio web del Club del Progreso, enero del 2011.

1 comentario:

  1. Gracias por el artículo. Muy interesante. Rafael García Alonso (Universidad Complutense de Madrid)

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