Por Ricardo López Göttig
Una de las definiciones más sorprendentes de este tórrido estío del Bicentenario, es la que brindó Diana Conti, diputada nacional y miembro del Consejo de la Magistratura, al reconocerse públicamente como “stalinista”. Estupor es lo que despierta esta calificación, puesto que Josef Stalin es reconocido como uno de los grandes genocidas del siglo XX, a la par y contemporáneo de Adolf Hitler.
Stalin continuó y afianzó los rasgos totalitarios que se iniciaron durante la revolución bolchevique de noviembre de 1917, la que cercenó la posibilidad de que surgiera una república democrática en Rusia tras la abdicación del Zar Nicolás II en febrero de ese año. Ya con el liderazgo de Vladimir Ilich Lenin se fueron dibujando los principales rasgos de lo que habría de ser la Unión Soviética, en la que se fueron acallando a punta de bayoneta todas las formas de expresión de la sociedad civil y del pluralismo político, comenzando la militarización y la centralización de la economía bajo la tutela implacable del estado. Se acentuaron las tendencias autoritarias ya existentes durante el zarismo, un régimen que pretendió amalgamar el absolutismo político con la modernización económica en su etapa final.
A la muerte de Lenin, se inició una cruenta lucha por el poder dentro del partido único, que costó las vidas de los rivales de Stalin, quedando este como líder absoluto e intérprete inapelable de la doctrina marxista-leninista. Durante su dominio sin límites, los organismos de seguridad interna rivalizaron con el ejército y el partido, cada uno buscando los favores del omnímodo secretario general. Bajo su puño de hierro, se estima que murieron unas veinte millones de personas, víctimas de sus políticas de reforma agraria, industrialización, purgas de supuestos “enemigos de clase” y “complots” contra la construcción del socialismo en la URSS. Ese número estremecedor de muertos fue en gran medida causado por las hambrunas y la persecución contra los “kulaks”, pequeños propietarios campesinos que se resistieron a la colectivización de sus granjas y animales. La “deskulakización” y la creación de las granjas colectivas (koljoz) fue el primer paso para concentrar la principal fuente de riquezas de Rusia para dar el salto a la industrialización pesada. A esto, le siguieron las deportaciones masivas de minorías nacionales, como los tártaros de Crimea que fueron desplazados al Asia central. Pero como los resultados de los planes quinquenales distaban mucho de acercarse a las cifras de producción establecidas arbitrariamente por Stalin, siempre se buscaron a los “enemigos de clase” responsables de “sabotajes”, por lo que se perfeccionó el sistema de campos de concentración que se había establecido ya en tiempos de Lenin, conocido como el GULAG. En las purgas de los tiempos de Stalin se montaban grandes juicios espectaculares sin las más mínimas garantías procesales, que terminaban en fusilamientos o con trabajos forzados en la lejana Siberia. A tal punto se redujo la población de la URSS, que se destruyeron los resultados del censo general realizado en 1937 para no divulgar la cantidad de muertos…
La sombra de Stalin se proyectó hacia Europa: por su acuerdo de no agresión con el régimen de Hitler, el pacto Ribbentropp-Molotov de agosto de 1939, ambos regímenes totalitarios se repartieron varios países de Europa oriental, a saber: Polonia, Lituania, Letonia, Estonia y la región de Besarabia, que fueron invadidos en breve tiempo. Con la invasión alemana de 1941, la URSS pasó al campo de los países aliados contra el Eje, por lo que tras la guerra pasó a dominar varios países de Europa oriental, implantando el régimen del “socialismo real” que estuvo vigente hasta 1989. En 1953 murió en circunstancias extrañas y quizás se lo dejó morir por parte de los miembros de su círculo más cercano, cuando estaba a punto de comenzar una nueva purga de carácter antijudío. El legado de Stalin fue criticado incluso por los propios miembros del PC soviético, un proceso que tuvo como puntapié inicial al célebre informe presentado por Jrushchov en el XX congreso en 1956, en el que expuso los crímenes realizados contra miembros del partido comunista. Las víctimas fuera del partido no interesaban…
La memoria no puede desfallecer ante estos genocidios. Es una historia de horror, opresión y tortura. Stalin fue uno de los grandes genocidas y enemigos de la sociedad libre de la era contemporánea, y así es como debe ser recordado, para que su modelo criminal no se repita.
Artículo publicado en CADAL, 8 de febrero del 2010.
lunes 8 de febrero de 2010
miércoles 6 de enero de 2010
Boudou y Cobos...
Estoy de acuerdo con el ministro Amado Boudou y con Julio Cobos. ¿Es esto posible? Sí, porque el ministro Boudou reclamó que la oposición fuera responsable. Por supuesto que debe serlo y, por consiguiente, que responda ante la ciudadanía. Por lo tanto, su deber es exigir que sea el Congreso el poder que decida si es que se deben utilizar las reservas del Banco Central, y cómo. Que es, precisamente, lo que plantea el vicepresidente Cobos.
El Congreso debe ser una máquina de impedir abusos, arbitrariedades y manejo discrecional de los fondos públicos. Debe ser una máquina formidable para exigir el cumplimiento de la Constitución y las leyes.
El Congreso debe ser una máquina de impedir abusos, arbitrariedades y manejo discrecional de los fondos públicos. Debe ser una máquina formidable para exigir el cumplimiento de la Constitución y las leyes.
El Banco Central.
En una nueva embestida contra todo tipo de institución autárquica y en su búsqueda sin freno de fondos, el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner ahora insiste en la renuncia del presidente del Banco Central, Martín Redrado, para instalar un presidente que le habilite fondos frescos.No entraré en el viejo debate si debe o no existir un banco central. Lo importante del momento es que hay una carta orgánica del BCRA que reconoce su autarquía y que debe ser respetada, así como hay mecanismos claramente establecidos para la remoción de su presidente.
Una vez más, los ministros de este gobierno embrollan la cuestión con argumentos de escasa imaginación y que revelan su cinismo contrario a toda norma elemental.
Martín Redrado no me resulta simpático, pero tiene un mandato que cumplir y deben ser respetadas las reglas, para que se preserve la autarquía del Banco Central, ya que las reservas que hay allí le pertenecen al conjunto de los habitantes y no a un gobierno en particular.
miércoles 30 de diciembre de 2009
Hinchadas Unidas...
Como argentino, admito mi gran pecado: no me gusta el fútbol. Ni siquiera "tengo cuadro", lo cual me convierte en una persona verdaderamente detestable en un país en donde este deporte es casi una religión. Y esta religión está convirtiéndose, cada vez más, en el culto oficial, desde que el gobierno de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner ha decidido destinarle dinero -como si los clubes no recaudaran lo suficiente-. Empeñados en que esta religión se propague por el mundo, ¡qué mejor que en el año del Bicentenario enviar una delegación de apóstoles al mundial de fútbol en Sudáfrica!Las "Hinchadas Unidas Argentinas" tienen un petit hotel en el barrio de Congreso, en Junín 154. Hoy, casualmente, debía pasar por allí. Y me lleva a preguntar, ¿para qué quieren estas "hinchadas" ese edificio? ¿Quién lo solventa? ¿Por qué se mezcla, cada vez más, este deporte con la política? Creo que, en breve, habrá que pedir la separación del deporte y el Estado, antes de que aparezca su sostenimiento en la Constitución...
viernes 25 de diciembre de 2009
Liu Xiaobo
El disidente Liu Xiaobo, miembro de la Carta 08 en la China continental, ha sido condenado a once años de prisión por "incitar a la subversión" contra el régimen dictatorial. Una clara prueba de la falta de libertad de conciencia y de expresión en esa megadictadura, que niega derechos fundamentales a nada menos que a casi el 20% de la población mundial.Hay quienes festejan los índices de crecimiento económico de China continental, un régimen de partido único en el que las riendas del poder político, económico, intelectual y social siguen en manos de sus miembros. Infortunadamente, esos índices de crecimiento están ocultando las continuas violaciones a las libertades fundamentales que todo ser humano tiene desde su nacimiento hasta la muerte. El régimen despótico chino comunista sigue burlándose de las más elementales normas del derecho procesal, sigue riéndose delante de nuestras caras. Los gobiernos de las grandes y pequeñas democracias del mundo deben condenar estos abusos contra la libertad de pensamiento y de palabra, contra la constante represión de las minorías religiosas, étnicas y lingüísticas. Y también deben alzar su voz de condena todos aquellos que amen la libertad y el pluralismo.
miércoles 23 de diciembre de 2009
¿Otra vez Duhalde?
Eduardo Duhalde anunció que volverá a presentarse como candidato presidencial para derrotar a Néstor Kirchner en las elecciones del 2011. El hombre que en sus dos mandatos en la provincia de Buenos Aires arruinó, despilfarró y empobreció ese distrito, que no hizo absolutamente nada por mejorar la seguridad -recordemos su célebre frase de que la policía bonaerense era "la mejor del mundo"- y que luego accedió a la presidencia en condiciones más que dudosas para devaluar nuestros ingresos y pesificar las deudas, ahora pretende arruinarnos definitivamente. Él fue quien inventó la candidatura presidencial de Kirchner, y ahora supone que nos hundirá definitivamente, para llevarnos a niveles de vida sólo comparables con el de Haití.
Lamentablemente, cuenta con un aparato clientelista poderoso, el mismo que desde la gobernación se encargó de mejorar en ocho años.
Es de esperar que sea derrotado una vez más en las urnas, para que su triste figura quede atrás como un recuerdo patético de lo que es la decadencia política argentina.
Lamentablemente, cuenta con un aparato clientelista poderoso, el mismo que desde la gobernación se encargó de mejorar en ocho años.
Es de esperar que sea derrotado una vez más en las urnas, para que su triste figura quede atrás como un recuerdo patético de lo que es la decadencia política argentina.
jueves 17 de diciembre de 2009
Siguen los piquetes...
Siguen los piquetes en la ciudad de Buenos Aires, una modalidad contra la que me vengo oponiendo desde sus inicios. Esta manía que bloquear y presionar para imponer sus demandas -que aquí no voy a juzgar si son legítimas o no-, es contraria a los hábitos de la convivencia de una sociedad pluralista y pacífica. Nuestra policía es "testimonial", siguiendo con la moda inaugurada de quienes ponen la cara pero que no actúan. El orden parece que surgirá de un modo misterioso, en tanto se vulneran los derechos de tránsito por las calles y rutas. Me opongo a todo piquete y corte: al de Gualeguaychú, al de los piqueteros en todas sus versiones, al de los ruralistas y al de los actos políticos. En los países normales, no hay tales cortes. Las normas son claras y se cumplen, y el Estado vela por su cumplimiento. Y las reglas establecen cuándo, cómo y en qué condiciones se hacen las manifestaciones.Pero lo más preocupante es que estos piquetes están creando, una vez más, un clima de confrontación que corroe lentamente la vida democrática. Porque los ámbitos adecuados para la confrontación de ideas, programas y problemas son los medios de comunicación, el Congreso, las legislaturas. Y si la controversia implica derechos, para ello están los tribunales. Pero no la toma de calles y rutas, porque allí no hay ida y vuelta de ideas. Es, simplemente, la imposición de la propia opinión sobre los demás. No hay búsqueda de consenso cortando la avenida 9 de Julio, o tomando oficinas públicas.
Este gobierno no busca el diálogo, pero la oposición falla en no crear las propias condiciones para el diálogo. Y entonces me pregunto, ¿hay voluntad de dialogar, o simplemente hay un deseo desembozado de acumular poder?
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