domingo, 8 de junio de 2014

Caminos abiertos.

Por Ricardo López Göttig
Esta semana, dos eventos que marcaron la historia de Asia y Europa cumplieron un cuarto de siglo. En la República Popular China, el 4 de junio de 1989 se produjo la masacre de Tiananmen, que reprimió a los estudiantes que reclamaban la democratización del régimen socialista. En esa misma jornada, en Polonia triunfaba en las urnas el sindicato Solidaridad, poniendo en evidencia la falta de legitimidad del comunismo en Europa Oriental.
Polonia era una posición clave en el tablero de ajedrez de la Guerra Fría, un país que había sido invadido y repartido entre el Reich nazi y la Unión Soviética en 1939. El paupérrimo nivel de vida del socialismo real despertaba el descontento de la población, y por ello se creó en agosto de 1980 el sindicato Solidaridad en la ciudad de Gdańsk, en los astilleros Lenin, liderado por el electricista Lech Wałęsa.
La existencia de un sindicato que no respondiera al régimen comunista era un severo cuestionamiento a la legitimidad del sistema socialista, ya que ponía en evidencia que no era un gobierno de, por y para los proletarios. Si bien el sindicato Solidaridad fue declarado ilegal y debió funcionar en la clandestinidad durante los años siguientes, el apoyo decidido que tuvo por parte de la Iglesia Católica –la figura de Juan Pablo II fue un elemento de gran motivación para la feligresía polaca- y el reconocimiento que tuvo Wałęsa en Occidente, obteniendo el Premio Nobel de la Paz en 1983, le dieron vida a este movimiento.
En esos tiempos de vida clandestina, uno de los miembros más destacados de Solidaridad, el sacerdote Jerzy Popiełuszko, fue asesinado por agentes del Servicio de Seguridad en 1984. Cobijados por los vientos de deshielo de la era de la Perestroika y glasnost provenientes de la Unión Soviética en la era Gorbachov, el sindicato Solidaridad realizó varias huelgas que llevaron a que el régimen comunista polaco negociara una salida electoral en la llamada Mesa Redonda, en la que se acordó que se pudiera votar por un tercio del Parlamento (Sejm) y que se creara un Senado con cien escaños.
El 4 de junio de 1989, Solidaridad ganó todas las bancas de ese tercio del Parlamento y 99 de las cien bancas de la cámara alta. En consecuencia, pudo nombrar al primer ministro, Tadeusz Mazowiecki, que dio los pasos iniciales hacia la transición a la democracia, aun cuando los comunistas conservaban la mayoría del Parlamento y la presidencia bajo el general Jaruzelski.
El mismo día en el que se celebraron esos históricos comicios en Polonia, los jóvenes que se manifestaban en la plaza de Tiananmen en Beijing fueron implacablemente reprimidos por el llamado Ejército de Liberación Popular, la fuerza armada del Partido Comunista de la República Popular China. Los estudiantes habían tomado la plaza durante varias semanas para reclamar por lo que llamaban la “quinta modernización”: la democracia, tomando la consigna de las cuatro modernizaciones en la economía y la defensa propuestas por Deng Xiaoping. Aún se ignora cuántos fueron los muertos y el régimen todavía imperante intenta diluir lo ocurrido llamándolo “incidente”, prohibiendo su mención y conmemoración.
Dos fueron los caminos abiertos en esa jornada histórica: en Europa fue el primer paso para el desmoronamiento del socialismo real, un sistema de opresión, censura y estancamiento; en Asia Oriental, en cambio, los tanques fueron la demostración de que el régimen comunista chino no está dispuesto a reconocer las libertades individuales ni a abandonar el monopolio del poder. En Europa se expandió el horizonte de las democracias liberales hacia el Oriente, mientras que en gran parte de Asia sigue siendo una noble aspiración.
Publicado en Infobae, domingo 8 de junio del 2014.

domingo, 4 de mayo de 2014

Un Estado cada vez más ausente de sus funciones primordiales.

Por Ricardo López Göttig

Cuando los aspirantes a presidente comienzan a hacer los primeros movimientos de gimnasia para el 2015, curiosamente se esmeran en prometer el mantenimiento de una serie de políticas desplegadas por el kirchnerismo, a fin de captar buena parte del electorado que acompañó al oficialismo. Tal como ocurrió en 1999, cuando los entonces candidatos Fernando de la Rúa, Eduardo Duhalde y Domingo Cavallo se comprometían en preservar la convertibilidad, quienes hoy se lanzan al ruedo afirman que sostendrán los grandes lineamientos de este “modelo” –si es que hay un “modelo”- pero en forma prolija y transparente.
El boom agroexportador que benefició a todos los países de América del Sur fue una época dorada para la expansión del gasto público, con lo que a la gran cantidad de trabas a la iniciativa privada se suma el abultamiento de empleados que se sostienen con impuestos e inflación. Los organismos del Estado han sido poblados por jóvenes con curriculum de militancia en agrupaciones kirchneristas como La Cámpora en cargos de relevancia, que nada aportan al funcionamiento gubernamental eficaz, relegando a los profesionales con conocimiento y experiencia a áreas marginales. De este modo se da la paradoja de que quienes proponen más presencia estatal, terminan obstaculizando el desempeño fluido de la función pública. A esto, cabe añadir la utilización de los espacios en los organismos estatales para fines de camaradería proselitista, ya que estas agrupaciones son ámbitos de pertenencia, y para ello organizan asados, cine y bandas de música para sus militantes con un costo que pesa sobre los contribuyentes.
¿Qué se piensa hacer con este Estado ganado por las usinas de militantes, transformado en una fábrica de impedimentos? En las antípodas encontramos a Japón, en donde los funcionarios públicos acceden por rigurosos exámenes y pueden llegar hasta el cargo de viceministro: el primer ministro nipón sólo nombra veinte funcionarios. En Taiwán, a los tres poderes clásicos se suman el Yuan de exámenes y el Yuan de control, siendo el primero de los mencionados para evaluar a los ingresantes al empleo público. Muy lejos de Asia Oriental, en Argentina se asume como natural que los gobiernos acumulen empleados que pesan sobre el contribuyente fatigado.

Por respeto al ciudadano y al empleado público que ingresó y progresó por sus méritos, no se puede seguir asumiendo como natural lo que es absurdo. La militancia es para competir en elecciones, haciendo pegatinas, marchas y bullicio, pero no sirve para tomar decisiones complejas y administrar el Estado. Y bien sabemos que gobernar con magia no es realista, y eso se traduce en un Estado cada vez más ausente de sus funciones primordiales.

Publicado en Infobae, domingo 4 de mayo del 2014.

lunes, 16 de diciembre de 2013

Comparaciones.

Mucho se ha dicho y escrito en torno a la legalización de la marihuana, a favor y en contra, pero hay ejemplos forzados que no ayudan a comprender la magnitud de las consecuencias sociales de este consumo, mientras que otros son ocultados.
El primer intento de analogía es el de comparar la prohibición del consumo de drogas con la aplicación de la llamada "Ley Seca" en Estados Unidos, cuando estuvo vedado el alcohol. A mi juicio, es una comparación forzada, ya que el consumo generalizado de alcohol es parte de la cultura occidental desde hace milenios, forma parte habitual de las celebraciones, encuentros sociales e incluso tiene un simbolismo claro en el cristianismo. No ocurre lo mismo con las drogas: supongo que son pocos los que reciben la Navidad o festejan un casamiento repartiendo cigarros de marihuana o aspirando líneas de cocaína. El prohibicionismo en los Estados Unidos atacó un elemento masivo de consumo, y de allí gran parte de su fracaso.
El gran ejemplo de consumo libre de drogas que nunca mencionan los partidarios de la liberalización fue la China imperial, cuando como consecuencia de la primera guerra del opio (1839-1842), esta milenaria nación se vio obligada a abrir las puertas a los importadores británicos que llevaban este producto desde la India. Los resultados fueron devastadores en todos los sectores de la sociedad, multiplicándose la cantidad de adictos que sobrevivían bajo los efectos de este narcótico. No sólo el consumo de opio estaba prohibido en Gran Bretaña, sino que tampoco podían consumirlo los europeos residentes en los puertos comerciales de China. En 1858, Karl Marx escribió en el New York Daily Tribune el artículo Free Trade and Monopoly, en el que se refirió a la venta de opio como free trade in poison ("comercio libre en veneno"). Lo que comenzó en el siglo XVII como un entretenimiento de los sectores altos, se expandió en los siglos XIX y XX hacia los campesinos en la costa y el interior del país como una sustancia que permitía sobrellevar el hambre, generando adictos en hombres y mujeres, adultos y niños, debilitando sus cuerpos y mentes, así como reducía sus años de vida.
Timothy Brook y Bob Tadashi Wakabayashi, compiladores del libro Opium Regimes: China, Britain, and Japan, 1839-1952 (Berkeley, University of California Press, 2000), señalan que los invasores japoneses continuaron e intensificaron el comercio del opio en China, ya que era una fuente de ingresos que permitía financiar las operaciones militares en el continente asiático. Era tan notorio que perjudicaba físicamente a los chinos, que los estudiantes universitarios protestaron por este tráfico, reclamando al gobierno quisling de Wang Jingwei que prohibiera el opio y sus derivados. El otro régimen títere, el de Manchukuo, recibía la sexta parte de sus ingresos por la producción de opio, de acuerdo al testimonio del propio emperador Pü Yi. Conocedores de los resultados devastadores en sus enemigos, los japoneses no dudaron en fomentar el consumo de opio entre los pueblos que buscaban dominar.
Los amantes de las abstracciones podrán argüir en el aire, en sus humaredas intelectuales, diciéndonos qué quieren creer que va a ocurrir; pero sería una deshonestidad dejar de lado el ejemplo histórico de Asia Oriental, en donde ya se experimentó con seres humanos con severas consecuencias.

domingo, 15 de diciembre de 2013

Las leyes.

Por Ricardo López Göttig


La semana pasada, el Parlamento de Uruguay aprobó la legalización de la marihuana, con un complejo sistema de producción y distribución que será reglamentado en los próximos meses.
Más allá de que no estoy de acuerdo con esta norma, querría formular algunas reflexiones en torno a cómo en Sudamérica concebimos al sistema legal.
En primer lugar, se tiene la tendencia a asumir que la ley escrita es palabra sacrosanta y que, por el simple hecho de que aparece impresa en las publicaciones oficiales, cambia la realidad circundante. Como si por simple voluntad legislativa pudiera transformarse nuestro entorno. Un ejemplo de ello es la ficción de que el río de la Plata termina en Punta del Este y, cuando llamo "mar" a esa inmensa masa acuática frente a la costa de Atlántida, aparecen los abogados afirmando "no, eso es río de acuerdo al tratado firmado por ambos países". El agua es salada, los peces son de mar y, además, sería el primer caso en el mundo de un río con una sola orilla. Con este criterio, mañana podría redactarse un tratado entre los países sudamericanos y africanos por el cual el Atlántico Sur sea declarado río, a fin de extender la soberanía sobre esas aguas. 
En segundo lugar, la ley sobre la marihuana nace con un gran defecto que la llevará al fracaso: se ignora cómo será implementada. El presidente Mujica reconoció públicamente que el Estado no está preparado para controlar el cumplimiento. De nada sirve una norma que no puede ser implementada, debilitando al concepto del Estado de Derecho, que es el gobierno de las leyes. 
Está instalada la creencia de que la ley tiene un poder mágico sólo por ser aprobada por las autoridades competentes, anhelando imitar al primer capítulo del Génesis bíblico. Pero no son deidades omniscientes; los legisladores son humanos y, por consiguiente, falibles. 
Esta nueva ley es voluntarista: se quiere creer que tendrá ciertas y determinadas consecuencias, mientras se crean lagunas legales en las que navegarán los criminales, perjudicando a los ciudadanos respetuosos del derecho a los que se expone en un laboratorio de ingeniería social.

viernes, 25 de octubre de 2013

Los dilemas de Sergio Massa.

Por Ricardo López Göttig

La figura emergente de esta campaña electoral es Sergio Massa, que ha sabido ocupar un espacio en las expectativas de la opinión pública tras diez años de kirchnerismo. Exhibe su gestión como intendente del municipio de Tigre, lugar de atracción turística para los vecinos del resto del conurbano bonaerense. Es conocido por su paso en la administración del ANSES durante los períodos de Eduardo Duhalde y Néstor Kirchner, así como por haber sido Jefe de Gabinete de ministros con Cristina Fernández de Kirchner. Tan notorio es su nivel de exposición mediática, que ya fue dos veces candidato a diputado en las listas del partido oficialista, en 2005 y 2009, pero en ambas ocasiones renunció a ocupar la banca.
Con gran cautela, Sergio Massa evita pronunciarse sobre su posible candidatura presidencial para el 2015, pero no podrá evitar una definición luego de las elecciones ni, mucho menos, durante el año próximo. Su postulación y, sobre todo, la adhesión que supo cosechar en la provincia de Buenos Aires durante las primarias obligatorias, lo han colocado en el centro de atención. El dilema es ¿cómo hará para sostener expectativas tan altas durante dos años? ¿Cómo logrará articular y mantener una alianza con distintos sectores del peronismo desde una banca en la Cámara de Diputados? ¿Cómo hará para seguir evadiendo definiciones sustanciales sobre la economía, dejando de dar guiños a unos y otros? Ahora, el jefe comunal tigrense está utilizando la táctica del catch all, el candidato que pretende atrapar todo sin apuntar a ningún sector en especial con enunciados muy generales, tal como se refleja en la composición de su lista de candidatos.
Antonio Cafiero, electo gobernador de la Provincia de Buenos Aires el 6 de septiembre de 1987, fue derrotado pocos meses después por Carlos Menem el 9 julio de 1988, en los comicios internos del Partido Justicialista. El triunfo de hoy no garantiza la victoria de mañana.
Esta es una de las diferencias sustanciales de Argentina con las democracias parlamentarias europeas, en donde el líder de la bancada de oposición se perfila durante años como el principal rival para ser jefe de gobierno, demostrando durante un largo período sus virtudes y defectos. También lo es con la agotadora selección por primarias en los Estados Unidos, un proceso que dura un año en el que se van decantando los precandidatos en una carrera con varios obstáculos. En el caso argentino, en cambio, resulta difícil discernir quién es el líder más nítido de las fuerzas opositoras, no sólo por su dispersión, sino también por ser un sistema basado en candidaturas negociadas por cúpulas partidarias.
Una vez más, asistimos a un año electoral que nos deja más interrogantes que respuestas.


El autor es Doctor en Historia y Analista de CADAL.

Publicado en el diario Río Negro, 25 de octubre del 2013.

martes, 15 de octubre de 2013

El sueño copernicano.

Desde hace muy pocos siglos sabemos que la teoría geocéntrica estaba equivocada y que el sol y los planetas no rotan en torno a la Tierra. Los postulados de la astronomía ptolemaica eran erróneos, pero tuvieron una extensa aceptación por parte de los científicos durante centurias.
Copérnico desarrolló o, mejor dicho, retomó la teoría heliocéntrica y colocó al sol en el centro del sistema, con los planetas rotando circularmente. Esta conjetura era imperfecta, porque tampoco lograba explicar el movimiento planetario, tal como lo demostraban las observaciones. Johannes Kepler sostuvo que los planetas no describían círculos, sino que se desplazaban en el espacio en forma de elipse. 
Si bien Copérnico y Kepler se aproximaron a la verdad, su visión estática del sistema solar es también errónea. Porque el Sol se desplaza en el espacio, "arrastrando" a los planetas junto a él, moviéndose en forma helicoidal por este enorme universo en expansión. Estamos acostumbrados a ver en los manuales al sistema solar como un plano fijo, y nos atenemos por sencillez a ese esquema. 
Tomo este ejemplo para referirme al estado actual del debate en las ciencias sociales y, en particular, en la política. Los escasos argumentos que se esgrimen parecen estar en la etapa entre los defensores del modelo ptolemaico, geocéntrico, y los copernicanos, del heliocéntrico. A mi modo de ver, los ptolemaicos de hoy son aquellos que sostienen la necesidad de distintas formas de planificación de la sociedad y la economía, los ingenieros sociales; en tanto que los copernicanos somos aquellos que vemos gruesos errores y catastróficas consecuencias en aquella concepción. No obstante, los copernicanos no hemos logrado avanzar mucho más allá: ya basta de decir, una y otra vez, que los ptolemaicos están equivocados. Debemos proseguir en el estudio de la sociedad abierta y dejar de entronizar a nuestros Copérnicos como si fuesen infalibles. Hay que reconocer sus méritos, su poderosa intuición que nos llevó a dar un paso relevante, pero de ningún modo dejar de cuestionar sus equivocaciones, su visión fija del sistema. 
Sostener que los otros están errados no significa que se esté más próximo a la verdad. Considero que estamos atrapados en la idea de la rotación en un plano y hay autores que no hacen más que llevarnos por callejones sin salida, como lo hizo Tycho Brahe en la astronomía, envueltos en sus argumentos dogmáticos sin comprobación empírica, a los que sencillamente hay que dejar en un costado poco visitado de la biblioteca.
Hay que observar, estudiar, aproximarse a las personas para comprenderlas. "Hay más cosas en el cielo y en la tierra que las que sueña tu filosofía", nos dice Hamlet, y procuraré recordarlo más seguido.