lunes, 16 de diciembre de 2013

Comparaciones.

Mucho se ha dicho y escrito en torno a la legalización de la marihuana, a favor y en contra, pero hay ejemplos forzados que no ayudan a comprender la magnitud de las consecuencias sociales de este consumo, mientras que otros son ocultados.
El primer intento de analogía es el de comparar la prohibición del consumo de drogas con la aplicación de la llamada "Ley Seca" en Estados Unidos, cuando estuvo vedado el alcohol. A mi juicio, es una comparación forzada, ya que el consumo generalizado de alcohol es parte de la cultura occidental desde hace milenios, forma parte habitual de las celebraciones, encuentros sociales e incluso tiene un simbolismo claro en el cristianismo. No ocurre lo mismo con las drogas: supongo que son pocos los que reciben la Navidad o festejan un casamiento repartiendo cigarros de marihuana o aspirando líneas de cocaína. El prohibicionismo en los Estados Unidos atacó un elemento masivo de consumo, y de allí gran parte de su fracaso.
El gran ejemplo de consumo libre de drogas que nunca mencionan los partidarios de la liberalización fue la China imperial, cuando como consecuencia de la primera guerra del opio (1839-1842), esta milenaria nación se vio obligada a abrir las puertas a los importadores británicos que llevaban este producto desde la India. Los resultados fueron devastadores en todos los sectores de la sociedad, multiplicándose la cantidad de adictos que sobrevivían bajo los efectos de este narcótico. No sólo el consumo de opio estaba prohibido en Gran Bretaña, sino que tampoco podían consumirlo los europeos residentes en los puertos comerciales de China. En 1858, Karl Marx escribió en el New York Daily Tribune el artículo Free Trade and Monopoly, en el que se refirió a la venta de opio como free trade in poison ("comercio libre en veneno"). Lo que comenzó en el siglo XVII como un entretenimiento de los sectores altos, se expandió en los siglos XIX y XX hacia los campesinos en la costa y el interior del país como una sustancia que permitía sobrellevar el hambre, generando adictos en hombres y mujeres, adultos y niños, debilitando sus cuerpos y mentes, así como reducía sus años de vida.
Timothy Brook y Bob Tadashi Wakabayashi, compiladores del libro Opium Regimes: China, Britain, and Japan, 1839-1952 (Berkeley, University of California Press, 2000), señalan que los invasores japoneses continuaron e intensificaron el comercio del opio en China, ya que era una fuente de ingresos que permitía financiar las operaciones militares en el continente asiático. Era tan notorio que perjudicaba físicamente a los chinos, que los estudiantes universitarios protestaron por este tráfico, reclamando al gobierno quisling de Wang Jingwei que prohibiera el opio y sus derivados. El otro régimen títere, el de Manchukuo, recibía la sexta parte de sus ingresos por la producción de opio, de acuerdo al testimonio del propio emperador Pü Yi. Conocedores de los resultados devastadores en sus enemigos, los japoneses no dudaron en fomentar el consumo de opio entre los pueblos que buscaban dominar.
Los amantes de las abstracciones podrán argüir en el aire, en sus humaredas intelectuales, diciéndonos qué quieren creer que va a ocurrir; pero sería una deshonestidad dejar de lado el ejemplo histórico de Asia Oriental, en donde ya se experimentó con seres humanos con severas consecuencias.

domingo, 15 de diciembre de 2013

Las leyes.

Por Ricardo López Göttig


La semana pasada, el Parlamento de Uruguay aprobó la legalización de la marihuana, con un complejo sistema de producción y distribución que será reglamentado en los próximos meses.
Más allá de que no estoy de acuerdo con esta norma, querría formular algunas reflexiones en torno a cómo en Sudamérica concebimos al sistema legal.
En primer lugar, se tiene la tendencia a asumir que la ley escrita es palabra sacrosanta y que, por el simple hecho de que aparece impresa en las publicaciones oficiales, cambia la realidad circundante. Como si por simple voluntad legislativa pudiera transformarse nuestro entorno. Un ejemplo de ello es la ficción de que el río de la Plata termina en Punta del Este y, cuando llamo "mar" a esa inmensa masa acuática frente a la costa de Atlántida, aparecen los abogados afirmando "no, eso es río de acuerdo al tratado firmado por ambos países". El agua es salada, los peces son de mar y, además, sería el primer caso en el mundo de un río con una sola orilla. Con este criterio, mañana podría redactarse un tratado entre los países sudamericanos y africanos por el cual el Atlántico Sur sea declarado río, a fin de extender la soberanía sobre esas aguas. 
En segundo lugar, la ley sobre la marihuana nace con un gran defecto que la llevará al fracaso: se ignora cómo será implementada. El presidente Mujica reconoció públicamente que el Estado no está preparado para controlar el cumplimiento. De nada sirve una norma que no puede ser implementada, debilitando al concepto del Estado de Derecho, que es el gobierno de las leyes. 
Está instalada la creencia de que la ley tiene un poder mágico sólo por ser aprobada por las autoridades competentes, anhelando imitar al primer capítulo del Génesis bíblico. Pero no son deidades omniscientes; los legisladores son humanos y, por consiguiente, falibles. 
Esta nueva ley es voluntarista: se quiere creer que tendrá ciertas y determinadas consecuencias, mientras se crean lagunas legales en las que navegarán los criminales, perjudicando a los ciudadanos respetuosos del derecho a los que se expone en un laboratorio de ingeniería social.

viernes, 25 de octubre de 2013

Los dilemas de Sergio Massa.

Por Ricardo López Göttig

La figura emergente de esta campaña electoral es Sergio Massa, que ha sabido ocupar un espacio en las expectativas de la opinión pública tras diez años de kirchnerismo. Exhibe su gestión como intendente del municipio de Tigre, lugar de atracción turística para los vecinos del resto del conurbano bonaerense. Es conocido por su paso en la administración del ANSES durante los períodos de Eduardo Duhalde y Néstor Kirchner, así como por haber sido Jefe de Gabinete de ministros con Cristina Fernández de Kirchner. Tan notorio es su nivel de exposición mediática, que ya fue dos veces candidato a diputado en las listas del partido oficialista, en 2005 y 2009, pero en ambas ocasiones renunció a ocupar la banca.
Con gran cautela, Sergio Massa evita pronunciarse sobre su posible candidatura presidencial para el 2015, pero no podrá evitar una definición luego de las elecciones ni, mucho menos, durante el año próximo. Su postulación y, sobre todo, la adhesión que supo cosechar en la provincia de Buenos Aires durante las primarias obligatorias, lo han colocado en el centro de atención. El dilema es ¿cómo hará para sostener expectativas tan altas durante dos años? ¿Cómo logrará articular y mantener una alianza con distintos sectores del peronismo desde una banca en la Cámara de Diputados? ¿Cómo hará para seguir evadiendo definiciones sustanciales sobre la economía, dejando de dar guiños a unos y otros? Ahora, el jefe comunal tigrense está utilizando la táctica del catch all, el candidato que pretende atrapar todo sin apuntar a ningún sector en especial con enunciados muy generales, tal como se refleja en la composición de su lista de candidatos.
Antonio Cafiero, electo gobernador de la Provincia de Buenos Aires el 6 de septiembre de 1987, fue derrotado pocos meses después por Carlos Menem el 9 julio de 1988, en los comicios internos del Partido Justicialista. El triunfo de hoy no garantiza la victoria de mañana.
Esta es una de las diferencias sustanciales de Argentina con las democracias parlamentarias europeas, en donde el líder de la bancada de oposición se perfila durante años como el principal rival para ser jefe de gobierno, demostrando durante un largo período sus virtudes y defectos. También lo es con la agotadora selección por primarias en los Estados Unidos, un proceso que dura un año en el que se van decantando los precandidatos en una carrera con varios obstáculos. En el caso argentino, en cambio, resulta difícil discernir quién es el líder más nítido de las fuerzas opositoras, no sólo por su dispersión, sino también por ser un sistema basado en candidaturas negociadas por cúpulas partidarias.
Una vez más, asistimos a un año electoral que nos deja más interrogantes que respuestas.


El autor es Doctor en Historia y Analista de CADAL.

Publicado en el diario Río Negro, 25 de octubre del 2013.

martes, 15 de octubre de 2013

El sueño copernicano.

Desde hace muy pocos siglos sabemos que la teoría geocéntrica estaba equivocada y que el sol y los planetas no rotan en torno a la Tierra. Los postulados de la astronomía ptolemaica eran erróneos, pero tuvieron una extensa aceptación por parte de los científicos durante centurias.
Copérnico desarrolló o, mejor dicho, retomó la teoría heliocéntrica y colocó al sol en el centro del sistema, con los planetas rotando circularmente. Esta conjetura era imperfecta, porque tampoco lograba explicar el movimiento planetario, tal como lo demostraban las observaciones. Johannes Kepler sostuvo que los planetas no describían círculos, sino que se desplazaban en el espacio en forma de elipse. 
Si bien Copérnico y Kepler se aproximaron a la verdad, su visión estática del sistema solar es también errónea. Porque el Sol se desplaza en el espacio, "arrastrando" a los planetas junto a él, moviéndose en forma helicoidal por este enorme universo en expansión. Estamos acostumbrados a ver en los manuales al sistema solar como un plano fijo, y nos atenemos por sencillez a ese esquema. 
Tomo este ejemplo para referirme al estado actual del debate en las ciencias sociales y, en particular, en la política. Los escasos argumentos que se esgrimen parecen estar en la etapa entre los defensores del modelo ptolemaico, geocéntrico, y los copernicanos, del heliocéntrico. A mi modo de ver, los ptolemaicos de hoy son aquellos que sostienen la necesidad de distintas formas de planificación de la sociedad y la economía, los ingenieros sociales; en tanto que los copernicanos somos aquellos que vemos gruesos errores y catastróficas consecuencias en aquella concepción. No obstante, los copernicanos no hemos logrado avanzar mucho más allá: ya basta de decir, una y otra vez, que los ptolemaicos están equivocados. Debemos proseguir en el estudio de la sociedad abierta y dejar de entronizar a nuestros Copérnicos como si fuesen infalibles. Hay que reconocer sus méritos, su poderosa intuición que nos llevó a dar un paso relevante, pero de ningún modo dejar de cuestionar sus equivocaciones, su visión fija del sistema. 
Sostener que los otros están errados no significa que se esté más próximo a la verdad. Considero que estamos atrapados en la idea de la rotación en un plano y hay autores que no hacen más que llevarnos por callejones sin salida, como lo hizo Tycho Brahe en la astronomía, envueltos en sus argumentos dogmáticos sin comprobación empírica, a los que sencillamente hay que dejar en un costado poco visitado de la biblioteca.
Hay que observar, estudiar, aproximarse a las personas para comprenderlas. "Hay más cosas en el cielo y en la tierra que las que sueña tu filosofía", nos dice Hamlet, y procuraré recordarlo más seguido.

jueves, 3 de octubre de 2013

Sospechosa Banda Oriental.

Por Ricardo López Göttig

En la relación tensa que viene sosteniendo el kirchnerismo con la República Oriental del Uruguay, se pueden descubrir los cuestionamientos que un sector importante de la política argentina siente hacia la antigua Banda Oriental, cuya independencia se acepta a regañadientes.
Hay una corriente influyente de larga data en la historiografía argentina, el llamado “revisionismo histórico”, que cuestiona la legitimidad del nacimiento de la República Oriental del Uruguay. Rodolfo Irazusta, por ejemplo, en 1930 escribió en el semanario La Nueva República el artículo “La segregación de la Banda Oriental, máxima culpa liberal”, en el que consideró a la independencia de Uruguay como una “amputación”. De no haberse producido ese cercenamiento, según Irazusta, “los poderes del Estado argentino serían más extensos e intensos y sus gobernantes no estarían a la merced de una turba incontrastable formada con el desecho de todos los pueblos del mundo”. Unos veinte años después, otro autor de la misma corriente, Ernesto Palacio, utilizó el término “mutilación” en su difundida Historia de la Argentina. Ambos eran nacionalistas católicos y, como tales, consideraban a la nación como un cuerpo –de ahí las metáforas- con un alma protegida por la religión. La influencia de este pensamiento es posible advertirla desde los años treinta en adelante en gran parte de las Fuerzas Armadas argentinas, así como en reductos de la intelectualidad, en la Iglesia Católica y en los sectores más “ortodoxos” del peronismo.
El kirchnerismo, en su afán por crear un nuevo relato histórico que le brinde legitimidad, ha dado nuevos bríos al revisionismo histórico aunque sin el contenido religioso. Por decreto presidencial, se creó en el 2011 el Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Argentino e Iberoamericano Manuel Dorrego, formado por figuras de carácter mediático con pretensiones intelectuales y algunos docentes universitarios con militancia en el partido del gobierno. Es la usina que provee de discursos maniqueos, sin rigor académico y fuera de contexto histórico al discurso oficial de Cristina Fernández de Kirchner.
Una utilización irresponsable de la Historia, empleada como una herramienta más al servicio del poder, sembrando semillas de discordia entre ambas naciones. Otro daño que nos deja el populismo en América del Sur  y que demandará mucho tiempo y esfuerzo en ser reparado.

miércoles, 21 de agosto de 2013

El apresurado exitismo no-K.

Por Ricardo López Göttig

Apenas se conocieron los primeros resultados de las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias, se despertó el exitismo de quienes no son kirchneristas, muchos celebrando el fin de un ciclo. Las PASO están funcionando como una “primera vuelta” y las elecciones legislativas de octubre como ballottage, por lo que ahora se están produciendo reacomodamientos y desplazamientos estratégicos pensando en la renovación presidencial del 2015.
Los argentinos pasan fácilmente de la euforia a la depresión, y de allí a una nueva cima de euforia, en un ejercicio agotador de sístoles y diástoles que generan picos de presión arterial a inversores y emprendedores que desean pensar en el largo plazo. Las reglas varían de un período al otro, como si el reglamento de un deporte se cambiara para cada campeonato. Esta hipertensión económica desalienta al espíritu emprendedor y destruye implacablemente la capacidad de ahorro.
La presidente Cristina Fernández de Kirchner terminará su mandato en diciembre del 2015 y, hasta entonces, tomará decisiones que afecten severamente la política económica de su sucesor. Puede seguir expandiendo el gasto público con el nombramiento de sus seguidores más fieles como empleados militantes en la planta permanente del Estado, tal como lo ha venido haciendo el kirchnerismo en este decenio. Puede seguir imprimiendo billetes que alimentan la inflación, restringir aún más los mercados y despilfarrar el dinero público en empresas estatales altamente deficitarias.
Los obstáculos intervencionistas y proteccionistas serían desmontados con gran dificultad por el próximo gobierno, si es que optara por una política que fomente la inserción en los mercados internacionales y la iniciativa privada. Pero el horizonte de ideas sobre la economía es difuso cuando se buscan pistas en lo que expresan los potenciales candidatos para el 2015. Ningún presidenciable se anima a esbozar una orientación favorable hacia la economía de mercado, temeroso de ser rápidamente tildado de “noventista”, un mote que sepulta el debate y las posibilidades de cualquier aspirante con ambiciones a ocupar el sillón de Rivadavia.
El desafío de desarticular el aparato clientelista y la práctica populista, profundizados en esta década declamada, traerá resistencia del kirchnerismo residual que intentará bloquear cualquier reforma del Estado. El próximo presidente, sea del signo que fuere, ¿sabrá formar una amplia coalición política capaz de reducir el costo del Estado y de encauzarlo en sus legítimas funciones? ¿Tendrá la decisión de atraer la inversión privada nacional y extranjera en un ambiente respetuoso de los contratos y reglas de juego claras y transparentes? ¿Podrá vertebrar una mayoría parlamentaria con otros partidos políticos y obtener el apoyo comprometido de gobernadores e intendentes?
Cristina Fernández de Kirchner está habilitada para competir por un próximo y último mandato presidencial en el año 2019, y ya ha demostrado que tiene una gran habilidad para su recuperación electoral. Si el próximo primer magistrado no tiene éxito o pierde la confianza de la ciudadanía, como le ocurrió a Fernando de la Rúa, no sería descabellado que el kirchnerismo se presente dentro de seis años como la salvación de la Patria.
Los acercamientos y alejamientos de las principales figuras políticas no son más que una práctica de supervivencia que nada significa para la vida cotidiana del ciudadano común. Y es que la prosperidad, la paz y la libertad no dependen del cambio de elencos gobernantes, sino del respeto a la Constitución y las instituciones.


El autor es Doctor en Historia y Analista de CADAL.

Publicado en el diario El Cronista, 21 de agosto del 2013.