lunes, 16 de diciembre de 2013

Comparaciones.

Mucho se ha dicho y escrito en torno a la legalización de la marihuana, a favor y en contra, pero hay ejemplos forzados que no ayudan a comprender la magnitud de las consecuencias sociales de este consumo, mientras que otros son ocultados.
El primer intento de analogía es el de comparar la prohibición del consumo de drogas con la aplicación de la llamada "Ley Seca" en Estados Unidos, cuando estuvo vedado el alcohol. A mi juicio, es una comparación forzada, ya que el consumo generalizado de alcohol es parte de la cultura occidental desde hace milenios, forma parte habitual de las celebraciones, encuentros sociales e incluso tiene un simbolismo claro en el cristianismo. No ocurre lo mismo con las drogas: supongo que son pocos los que reciben la Navidad o festejan un casamiento repartiendo cigarros de marihuana o aspirando líneas de cocaína. El prohibicionismo en los Estados Unidos atacó un elemento masivo de consumo, y de allí gran parte de su fracaso.
El gran ejemplo de consumo libre de drogas que nunca mencionan los partidarios de la liberalización fue la China imperial, cuando como consecuencia de la primera guerra del opio (1839-1842), esta milenaria nación se vio obligada a abrir las puertas a los importadores británicos que llevaban este producto desde la India. Los resultados fueron devastadores en todos los sectores de la sociedad, multiplicándose la cantidad de adictos que sobrevivían bajo los efectos de este narcótico. No sólo el consumo de opio estaba prohibido en Gran Bretaña, sino que tampoco podían consumirlo los europeos residentes en los puertos comerciales de China. En 1858, Karl Marx escribió en el New York Daily Tribune el artículo Free Trade and Monopoly, en el que se refirió a la venta de opio como free trade in poison ("comercio libre en veneno"). Lo que comenzó en el siglo XVII como un entretenimiento de los sectores altos, se expandió en los siglos XIX y XX hacia los campesinos en la costa y el interior del país como una sustancia que permitía sobrellevar el hambre, generando adictos en hombres y mujeres, adultos y niños, debilitando sus cuerpos y mentes, así como reducía sus años de vida.
Timothy Brook y Bob Tadashi Wakabayashi, compiladores del libro Opium Regimes: China, Britain, and Japan, 1839-1952 (Berkeley, University of California Press, 2000), señalan que los invasores japoneses continuaron e intensificaron el comercio del opio en China, ya que era una fuente de ingresos que permitía financiar las operaciones militares en el continente asiático. Era tan notorio que perjudicaba físicamente a los chinos, que los estudiantes universitarios protestaron por este tráfico, reclamando al gobierno quisling de Wang Jingwei que prohibiera el opio y sus derivados. El otro régimen títere, el de Manchukuo, recibía la sexta parte de sus ingresos por la producción de opio, de acuerdo al testimonio del propio emperador Pü Yi. Conocedores de los resultados devastadores en sus enemigos, los japoneses no dudaron en fomentar el consumo de opio entre los pueblos que buscaban dominar.
Los amantes de las abstracciones podrán argüir en el aire, en sus humaredas intelectuales, diciéndonos qué quieren creer que va a ocurrir; pero sería una deshonestidad dejar de lado el ejemplo histórico de Asia Oriental, en donde ya se experimentó con seres humanos con severas consecuencias.

domingo, 15 de diciembre de 2013

Las leyes.

Por Ricardo López Göttig


La semana pasada, el Parlamento de Uruguay aprobó la legalización de la marihuana, con un complejo sistema de producción y distribución que será reglamentado en los próximos meses.
Más allá de que no estoy de acuerdo con esta norma, querría formular algunas reflexiones en torno a cómo en Sudamérica concebimos al sistema legal.
En primer lugar, se tiene la tendencia a asumir que la ley escrita es palabra sacrosanta y que, por el simple hecho de que aparece impresa en las publicaciones oficiales, cambia la realidad circundante. Como si por simple voluntad legislativa pudiera transformarse nuestro entorno. Un ejemplo de ello es la ficción de que el río de la Plata termina en Punta del Este y, cuando llamo "mar" a esa inmensa masa acuática frente a la costa de Atlántida, aparecen los abogados afirmando "no, eso es río de acuerdo al tratado firmado por ambos países". El agua es salada, los peces son de mar y, además, sería el primer caso en el mundo de un río con una sola orilla. Con este criterio, mañana podría redactarse un tratado entre los países sudamericanos y africanos por el cual el Atlántico Sur sea declarado río, a fin de extender la soberanía sobre esas aguas. 
En segundo lugar, la ley sobre la marihuana nace con un gran defecto que la llevará al fracaso: se ignora cómo será implementada. El presidente Mujica reconoció públicamente que el Estado no está preparado para controlar el cumplimiento. De nada sirve una norma que no puede ser implementada, debilitando al concepto del Estado de Derecho, que es el gobierno de las leyes. 
Está instalada la creencia de que la ley tiene un poder mágico sólo por ser aprobada por las autoridades competentes, anhelando imitar al primer capítulo del Génesis bíblico. Pero no son deidades omniscientes; los legisladores son humanos y, por consiguiente, falibles. 
Esta nueva ley es voluntarista: se quiere creer que tendrá ciertas y determinadas consecuencias, mientras se crean lagunas legales en las que navegarán los criminales, perjudicando a los ciudadanos respetuosos del derecho a los que se expone en un laboratorio de ingeniería social.

viernes, 25 de octubre de 2013

Los dilemas de Sergio Massa.

Por Ricardo López Göttig

La figura emergente de esta campaña electoral es Sergio Massa, que ha sabido ocupar un espacio en las expectativas de la opinión pública tras diez años de kirchnerismo. Exhibe su gestión como intendente del municipio de Tigre, lugar de atracción turística para los vecinos del resto del conurbano bonaerense. Es conocido por su paso en la administración del ANSES durante los períodos de Eduardo Duhalde y Néstor Kirchner, así como por haber sido Jefe de Gabinete de ministros con Cristina Fernández de Kirchner. Tan notorio es su nivel de exposición mediática, que ya fue dos veces candidato a diputado en las listas del partido oficialista, en 2005 y 2009, pero en ambas ocasiones renunció a ocupar la banca.
Con gran cautela, Sergio Massa evita pronunciarse sobre su posible candidatura presidencial para el 2015, pero no podrá evitar una definición luego de las elecciones ni, mucho menos, durante el año próximo. Su postulación y, sobre todo, la adhesión que supo cosechar en la provincia de Buenos Aires durante las primarias obligatorias, lo han colocado en el centro de atención. El dilema es ¿cómo hará para sostener expectativas tan altas durante dos años? ¿Cómo logrará articular y mantener una alianza con distintos sectores del peronismo desde una banca en la Cámara de Diputados? ¿Cómo hará para seguir evadiendo definiciones sustanciales sobre la economía, dejando de dar guiños a unos y otros? Ahora, el jefe comunal tigrense está utilizando la táctica del catch all, el candidato que pretende atrapar todo sin apuntar a ningún sector en especial con enunciados muy generales, tal como se refleja en la composición de su lista de candidatos.
Antonio Cafiero, electo gobernador de la Provincia de Buenos Aires el 6 de septiembre de 1987, fue derrotado pocos meses después por Carlos Menem el 9 julio de 1988, en los comicios internos del Partido Justicialista. El triunfo de hoy no garantiza la victoria de mañana.
Esta es una de las diferencias sustanciales de Argentina con las democracias parlamentarias europeas, en donde el líder de la bancada de oposición se perfila durante años como el principal rival para ser jefe de gobierno, demostrando durante un largo período sus virtudes y defectos. También lo es con la agotadora selección por primarias en los Estados Unidos, un proceso que dura un año en el que se van decantando los precandidatos en una carrera con varios obstáculos. En el caso argentino, en cambio, resulta difícil discernir quién es el líder más nítido de las fuerzas opositoras, no sólo por su dispersión, sino también por ser un sistema basado en candidaturas negociadas por cúpulas partidarias.
Una vez más, asistimos a un año electoral que nos deja más interrogantes que respuestas.


El autor es Doctor en Historia y Analista de CADAL.

Publicado en el diario Río Negro, 25 de octubre del 2013.

martes, 15 de octubre de 2013

El sueño copernicano.

Desde hace muy pocos siglos sabemos que la teoría geocéntrica estaba equivocada y que el sol y los planetas no rotan en torno a la Tierra. Los postulados de la astronomía ptolemaica eran erróneos, pero tuvieron una extensa aceptación por parte de los científicos durante centurias.
Copérnico desarrolló o, mejor dicho, retomó la teoría heliocéntrica y colocó al sol en el centro del sistema, con los planetas rotando circularmente. Esta conjetura era imperfecta, porque tampoco lograba explicar el movimiento planetario, tal como lo demostraban las observaciones. Johannes Kepler sostuvo que los planetas no describían círculos, sino que se desplazaban en el espacio en forma de elipse. 
Si bien Copérnico y Kepler se aproximaron a la verdad, su visión estática del sistema solar es también errónea. Porque el Sol se desplaza en el espacio, "arrastrando" a los planetas junto a él, moviéndose en forma helicoidal por este enorme universo en expansión. Estamos acostumbrados a ver en los manuales al sistema solar como un plano fijo, y nos atenemos por sencillez a ese esquema. 
Tomo este ejemplo para referirme al estado actual del debate en las ciencias sociales y, en particular, en la política. Los escasos argumentos que se esgrimen parecen estar en la etapa entre los defensores del modelo ptolemaico, geocéntrico, y los copernicanos, del heliocéntrico. A mi modo de ver, los ptolemaicos de hoy son aquellos que sostienen la necesidad de distintas formas de planificación de la sociedad y la economía, los ingenieros sociales; en tanto que los copernicanos somos aquellos que vemos gruesos errores y catastróficas consecuencias en aquella concepción. No obstante, los copernicanos no hemos logrado avanzar mucho más allá: ya basta de decir, una y otra vez, que los ptolemaicos están equivocados. Debemos proseguir en el estudio de la sociedad abierta y dejar de entronizar a nuestros Copérnicos como si fuesen infalibles. Hay que reconocer sus méritos, su poderosa intuición que nos llevó a dar un paso relevante, pero de ningún modo dejar de cuestionar sus equivocaciones, su visión fija del sistema. 
Sostener que los otros están errados no significa que se esté más próximo a la verdad. Considero que estamos atrapados en la idea de la rotación en un plano y hay autores que no hacen más que llevarnos por callejones sin salida, como lo hizo Tycho Brahe en la astronomía, envueltos en sus argumentos dogmáticos sin comprobación empírica, a los que sencillamente hay que dejar en un costado poco visitado de la biblioteca.
Hay que observar, estudiar, aproximarse a las personas para comprenderlas. "Hay más cosas en el cielo y en la tierra que las que sueña tu filosofía", nos dice Hamlet, y procuraré recordarlo más seguido.

jueves, 3 de octubre de 2013

Sospechosa Banda Oriental.

Por Ricardo López Göttig

En la relación tensa que viene sosteniendo el kirchnerismo con la República Oriental del Uruguay, se pueden descubrir los cuestionamientos que un sector importante de la política argentina siente hacia la antigua Banda Oriental, cuya independencia se acepta a regañadientes.
Hay una corriente influyente de larga data en la historiografía argentina, el llamado “revisionismo histórico”, que cuestiona la legitimidad del nacimiento de la República Oriental del Uruguay. Rodolfo Irazusta, por ejemplo, en 1930 escribió en el semanario La Nueva República el artículo “La segregación de la Banda Oriental, máxima culpa liberal”, en el que consideró a la independencia de Uruguay como una “amputación”. De no haberse producido ese cercenamiento, según Irazusta, “los poderes del Estado argentino serían más extensos e intensos y sus gobernantes no estarían a la merced de una turba incontrastable formada con el desecho de todos los pueblos del mundo”. Unos veinte años después, otro autor de la misma corriente, Ernesto Palacio, utilizó el término “mutilación” en su difundida Historia de la Argentina. Ambos eran nacionalistas católicos y, como tales, consideraban a la nación como un cuerpo –de ahí las metáforas- con un alma protegida por la religión. La influencia de este pensamiento es posible advertirla desde los años treinta en adelante en gran parte de las Fuerzas Armadas argentinas, así como en reductos de la intelectualidad, en la Iglesia Católica y en los sectores más “ortodoxos” del peronismo.
El kirchnerismo, en su afán por crear un nuevo relato histórico que le brinde legitimidad, ha dado nuevos bríos al revisionismo histórico aunque sin el contenido religioso. Por decreto presidencial, se creó en el 2011 el Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Argentino e Iberoamericano Manuel Dorrego, formado por figuras de carácter mediático con pretensiones intelectuales y algunos docentes universitarios con militancia en el partido del gobierno. Es la usina que provee de discursos maniqueos, sin rigor académico y fuera de contexto histórico al discurso oficial de Cristina Fernández de Kirchner.
Una utilización irresponsable de la Historia, empleada como una herramienta más al servicio del poder, sembrando semillas de discordia entre ambas naciones. Otro daño que nos deja el populismo en América del Sur  y que demandará mucho tiempo y esfuerzo en ser reparado.

miércoles, 21 de agosto de 2013

El apresurado exitismo no-K.

Por Ricardo López Göttig

Apenas se conocieron los primeros resultados de las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias, se despertó el exitismo de quienes no son kirchneristas, muchos celebrando el fin de un ciclo. Las PASO están funcionando como una “primera vuelta” y las elecciones legislativas de octubre como ballottage, por lo que ahora se están produciendo reacomodamientos y desplazamientos estratégicos pensando en la renovación presidencial del 2015.
Los argentinos pasan fácilmente de la euforia a la depresión, y de allí a una nueva cima de euforia, en un ejercicio agotador de sístoles y diástoles que generan picos de presión arterial a inversores y emprendedores que desean pensar en el largo plazo. Las reglas varían de un período al otro, como si el reglamento de un deporte se cambiara para cada campeonato. Esta hipertensión económica desalienta al espíritu emprendedor y destruye implacablemente la capacidad de ahorro.
La presidente Cristina Fernández de Kirchner terminará su mandato en diciembre del 2015 y, hasta entonces, tomará decisiones que afecten severamente la política económica de su sucesor. Puede seguir expandiendo el gasto público con el nombramiento de sus seguidores más fieles como empleados militantes en la planta permanente del Estado, tal como lo ha venido haciendo el kirchnerismo en este decenio. Puede seguir imprimiendo billetes que alimentan la inflación, restringir aún más los mercados y despilfarrar el dinero público en empresas estatales altamente deficitarias.
Los obstáculos intervencionistas y proteccionistas serían desmontados con gran dificultad por el próximo gobierno, si es que optara por una política que fomente la inserción en los mercados internacionales y la iniciativa privada. Pero el horizonte de ideas sobre la economía es difuso cuando se buscan pistas en lo que expresan los potenciales candidatos para el 2015. Ningún presidenciable se anima a esbozar una orientación favorable hacia la economía de mercado, temeroso de ser rápidamente tildado de “noventista”, un mote que sepulta el debate y las posibilidades de cualquier aspirante con ambiciones a ocupar el sillón de Rivadavia.
El desafío de desarticular el aparato clientelista y la práctica populista, profundizados en esta década declamada, traerá resistencia del kirchnerismo residual que intentará bloquear cualquier reforma del Estado. El próximo presidente, sea del signo que fuere, ¿sabrá formar una amplia coalición política capaz de reducir el costo del Estado y de encauzarlo en sus legítimas funciones? ¿Tendrá la decisión de atraer la inversión privada nacional y extranjera en un ambiente respetuoso de los contratos y reglas de juego claras y transparentes? ¿Podrá vertebrar una mayoría parlamentaria con otros partidos políticos y obtener el apoyo comprometido de gobernadores e intendentes?
Cristina Fernández de Kirchner está habilitada para competir por un próximo y último mandato presidencial en el año 2019, y ya ha demostrado que tiene una gran habilidad para su recuperación electoral. Si el próximo primer magistrado no tiene éxito o pierde la confianza de la ciudadanía, como le ocurrió a Fernando de la Rúa, no sería descabellado que el kirchnerismo se presente dentro de seis años como la salvación de la Patria.
Los acercamientos y alejamientos de las principales figuras políticas no son más que una práctica de supervivencia que nada significa para la vida cotidiana del ciudadano común. Y es que la prosperidad, la paz y la libertad no dependen del cambio de elencos gobernantes, sino del respeto a la Constitución y las instituciones.


El autor es Doctor en Historia y Analista de CADAL.

Publicado en el diario El Cronista, 21 de agosto del 2013.

martes, 20 de agosto de 2013

¿El peronismo seguirá anclado en su lógica verticalista de intenciones hegemónicas?

Por Ricardo López Göttig

Muy pocos han sido los partidos y coaliciones que vivieron la competencia electoral en las PASO del 11 de agosto. La enorme mayoría de las fuerzas políticas que participaron, lo hicieron con listas únicas, sin darle la oportunidad a la ciudadanía de elegir la conformación de las listas, así como pusieron obstáculos a la posibilidad de renovar internamente sus liderazgos.

Una señal de alarma para la salud del sistema de partidos políticos es que el universo peronista no logra conformar un partido político. En la provincia de Buenos Aires hubo cinco listas que manifestaron adherir al peronismo, pero han sido incapaces de competir para dirimir sus candidaturas en un mismo partido político. Y esto parece ser una constante de este movimiento, ya que dentro del peronismo, en tantos decenios de historia, sólo hubo dos elecciones internas para definir sus candidatos presidenciales: en 1988 entre Carlos Menem y Antonio Cafiero, y luego en 1999 entre Eduardo Duhalde y Adolfo Rodríguez Saá. En 1995, el ex gobernador mendocino José Octavio Bordón optó por formar un nuevo partido e ir por fuera del Partido Justicialista, aliándose a Carlos Chacho Álvarez en el FREPASO; y en el 2003, fueron varias las fórmulas presidenciales que el universo peronista presentó por separado, escabullendo la elección interna del partido. Cabe recordar, también, el bochornoso intento de “interna” entre Alberto Rodríguez Saá y Eduardo Duhalde en el peronismo disidente del 2011.

Una situación similar como la actual, en la que varias vertientes del peronismo fueron separadas por su imposibilidad de definir liderazgos, fue en los años ochenta, cuando se dividieron entre ortodoxos y renovadores. Como en aquellos años, nuevamente la lógica es demostrar el peso electoral y el desarrollo territorial de cada fuerza en torno a un líder, en lugar de convivir en un mismo partido con mayoría y minorías. La genética del peronismo viene marcada desde su fundación desde el poder y para el poder, por un militar que descreía del sistema de partidos, del constitucionalismo liberal y de las vallas institucionales a las aspiraciones hegemónicas del Ejecutivo. A pesar de los aires democratizadores de los años ochenta, ya en el retorno a la presidencia recuperó su esquema vertical de adhesión al líder de turno, al que se abandona cuando pierde el favor de la ciudadanía.

¿Será posible que el peronismo se asuma como una parte más del escenario político y se organice como un partido, con autoridades electas por sus afiliados, con una convención que debata sus lineamientos fundamentales y con candidatos que compitan en primarias? En los próximos años se podrá observar si evoluciona en este sentido por presión de sus afiliados y de la ciudadanía en general, o si persiste en la lógica del movimiento jerárquico y verticalista de intenciones hegemónicas anclado en los años cincuenta.
 

Publicado por Análisis Latino, 16 de agosto del 2013.

viernes, 26 de julio de 2013

Elecciones en la Argentina: debates vacíos.

Por Ricardo López Göttig


Nuevamente envueltos por el clima de elecciones legislativas, comienza la danza de candidatos con sus rostros optimistas, sonrientes, llenos de frases esperanzadoras. En este mundo veloz, en donde impera la imagen y la información rápida de digestión instantánea, los mensajes se resumen a un mínimo exasperante para quien busca un poco de sustancia. Son tiempos vacíos de ideas, programas y orientaciones, como si un slogan o una sonrisa bastaran para dar una pista sobre qué se propone para reducir la inflación, combatir la corrupción y criminalidad, y mejorar la vida institucional de los argentinos.
Esta sensación de vacuidad se acentúa cuando en la primera instancia para elegir candidatos dentro de los partidos y coaliciones, las primarias abiertas, simultáneas y obligatorias (PASO) apenas hay listas que compitan entre sí con vistas a los comicios generales de octubre. Hay una discusión de nombres y apellidos, de posibilidades reales o no de sumar sufragios en las elecciones de octubre, pero no hay contenido. Muchos aspirantes a marcar el rumbo a una embarcación, pero ninguno que tenga una brújula, mapa o astrolabio, ni tan siquiera un telescopio que les permita mirar más allá del 2015.
En el Estado de Derecho, que es el gobierno de las leyes, el Poder Legislativo es de importancia central, ya que en él se discuten, elaboran y aprueban las normas. Pero por el hiperpresidencialismo que ahoga a los otros poderes en Argentina, el Congreso es visto como un mero trampolín hacia el sillón de Rivadavia, desmereciendo la labor parlamentaria. El Congreso argentino no ha hecho mucho por realzar su importancia, delegando facultades a la Presidencia, ni tampoco ha sabido cumplir con su rol de control y equilibrio, el contrapeso institucional al Ejecutivo.
Nada se encuentra en los spots publicitarios sobre ideas, programas y la imprescindible recuperación de los equilibrios. Se desconoce qué harán, más allá de las declaraciones de principios. Por un lado, partidos centenarios como la Unión Cívica Radical y el Partido Socialista le disputan al kirchnerismo la denominación de “progresista”, pero no avanzar de la proclamación de propósitos generales. Por el otro, una miríada de desprendimientos del justicialismo se proclama como el auténtico peronismo, pero tampoco se advierte una profundización del concepto, bastante difuso de por sí.
A treinta años de la recuperación de las instituciones y las libertades democráticas, se advierte la falta de maduración de los partidos políticos, reemplazados por “espacios” por los que se transita de una elección a otra, sin forjar identidades.
Esta elección legislativa es una buena oportunidad para llenar de contenido al debate político, dando mejores herramientas de decisión a los ciudadanos.

Publicado en Análisis Latino, viernes 26 de julio del 2013.

sábado, 8 de junio de 2013

El nuevo mapa de los conflictos globales.

Por Omer Freixa

El 2011 registró el tope de guerras en el mundo desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Se contabilizaron 20 confrontaciones más otra clase de conflictos, mientras que 2012 fue testigo de otro récord triste, si bien el número de guerras se redujo a 18. Es que el año pasado la cantidad de desplazados en el planeta se elevó a 28,8 millones, incrementándose la cifra en 2,4 millones respecto de 2011. ¿Cuáles son los principales conflictos que aquejan el tablero mundial? ¿Impactan en nuestro país? ¿De qué forma?

Preocupaciones mundiales


La última edición del Barómetro de Conflictos del Instituto de Heidelberg para la Investigación de Conflictos lista casi 400 de orden global. Si hubiera que hacer un inventario de éstos, la nómina sería muy extensa. "Deberíamos hacerlo categorizando los visibles en el sistema internacional y los latentes que pueden resultar de los cambios en la configuración de poder, o por fenómenos disruptivos como el cambio climático", aclara Juan Battaleme, profesor de la licenciatura en Gobierno y Relaciones Internacionales de UADE. 
Entre éstos hay conflictos interestatales e intraestatales, todos de variedades muy disímiles. Elegir conflictos es arbitrario pero se pueden priorizar criterios. "Qué probabilidad tienen de escalar, si involucran a potencias que cuentan con armamento nuclear, el costo en términos de vidas humanas y el interés que atraen por parte de las grandes potencias", enuncia Ignacio Labaqui, profesor de la Facultad de Ciencias Sociales, Políticas y de la Comunicación en UCA. 
Si bien el terrorismo planetario puede llenar un capítulo aparte, los analistas coinciden en remarcar como más preocupantes los conflictos internos en Afganistán y Siria junto al intervencionismo internacional del que son parte, la tensión nuclear en Corea del Norte, el conflicto de Israel, por una parte, con Irán y, en segundo término, su eterna rivalidad con los palestinos y, por último, la septuagenaria disputa indo-pakistaní. Dentro de esta prioridad, los dos primeros se muestran como conflictos visibles al igual que la problemática en la península coreana, mientras que la rivalidad en el subcontinente indio responde a un conflicto latente. "Desde su emancipación en 1947, India y Pakistán tuvieron tres guerras: en 1947, 1965 y 1971", observa Ricardo López Göttig, analista del Centro para la Apertura y el Desarrollo de América Latina (CADAL). Al igual que en el caso norcoreano, el riesgo nuclear añade un componente extra a un conflicto cuya escalada de violencia debería preocupar, aunque del cual se habla poco. "Todos los años se registran episodios de tensión de variable intensidad", agrega Labaqui. 
Para Mariano Aguas, coordinador del área de Ciencia Política en la UP, el escenario más caliente es Medio Oriente. Pero Europa no está fuera del mapa. "Veo una amenaza a mediano plazo con la crisis económica y el ascenso de la derecha más reaccionaria, junto a la extensión del radicalismo islámico", opina. 
¿Se pueden sintetizar los motivos que generan los conflictos? No es tarea sencilla porque cada uno tiene su propia especificidad. 
"No coincido con quienes plantean que todo se puede encuadrar en una lucha de civilizaciones o en la carrera por una hegemonía global", advierte Rut Diamint, profesora del departamento de Ciencia Política y Estudios Internacionales de UTDT. Se pueden puntualizar razones específicas que los motivan. "La guerra civil en Siria se vincula al efecto contagio de la primavera y a rivalidades entre distintas facciones dentro del Islam", ejemplifica el docente de UCA. Otros se focalizan en rivalidades territoriales, como el de la India, por la posesión de Cachemira.
"El caso palestino-israelí se centra en la 'posesión de la Tierra', además de otras cuestiones", explica María José Cano, subdirectora del Instituto Universitario de Investigación de estudios hebreos en la Universidad de Granada. 
A pesar de su gran heterogeneidad, es dable destacar algunos elementos en común. "Muchos se vinculan con la debilidad del Estado y de sus instituciones", señala Diamint. 
La propagación del terrorismo islámico está en boga. En el Tercer Mundo existen varios Estados fallidos que son campo propicio para instalar células terroristas como en Malí, Somalía y Pakistán, dicen los expertos. Otra característica compartida es la creciente incapacidad de las potencias y actores menores para contener y controlar la emergencia de estos conflictos. "Ya sean internos o, como mucho, regionales, tienen importantes implicaciones globales", remata Cano.
Los más afectados por estos conflictos son los civiles. Por ejemplo, en el corazón de África, entre 1998 y 2003, una guerra interestatal costó unas tres millones de vidas. Como en la mayoría de los conflictos, la solución ideal es la posibilidad de una resolución pacífica, sobre todo el diálogo entre las partes. "La ONU es el organismo por excelencia para buscar caminos de solución", opina la docente en UTDT. 
No obstante, Labaqui es menos optimista. "En el corto plazo muchos de estos conflictos no tienen una solución a la vista y lo mejor que puede esperarse es que no escalen", arriesga. 
"Un analista relativamente sincero diría que las soluciones a los conflictos van a variar dependiendo de cómo vayan jugando las cartas las grandes potencias", resume Battaleme. Ninguna de las organizaciones internacionales puede garantizar la paz ni evitar eventuales contiendas a futuro. "El fin de la bipolaridad y los errores de la hiperpotencia no han generado un mundo más pacífico", concluye Diamint.

Repercusiones globales 


En muchos conflictos, las repercusiones son globales. Un ejemplo paradigmático es el terrorismo islámico. Sucesos que pudieran parecer distantes, en Medio Oriente, tuvieron resonancia en los EE.UU., como el trágico 11S. "Todos los conflictos inciden sobre los países, pues obligan a tomar posiciones en los organismos multilaterales o generan flujos que afectan las reglas comerciales o los acuerdos subregionales", indica la docente en UTDT. Respecto de la Argentina, no hay amenazas en lo inmediato. En líneas generales, se encuentra bastante alejada de los conflictos. "El país no es un jugador relevante en el mundo", dice Aguas. 
Podría decirse que solo hubo efecto directo en relación al conflicto palestino-israelí, con los atentados en Buenos Aires de 1992 y 1994. "Hoy se complementan con la decisión de negociar con Irán en relación a la investigación del ataque a la AMIA y posterior firma del memorando", afirma Labaqui. Ahora bien, también los problemas externos sirven para fortalecer. "Lo que acontece en Europa vigoriza el relato interno del Gobierno", complementa el docente de UP.
También puede un conflicto incidir de otra forma. "Ante un eventual choque armado entre India y Pakistán existiría la pérdida de importantes mercados para la exportación de alimentos", concluye López Göttig. z we


Publicado en El Cronista Comercial, 7 de junio del 2013

miércoles, 24 de abril de 2013

Mercosur: sobran palabras, faltan instituciones.

Por Ricardo López Göttig


Recorrieron el orbe, con la velocidad impresa por las redes sociales, los comentarios que hizo el presidente José Mujica sobre Néstor y Cristina Kirchner. Uno de los primeros temores que surgieron en la República Oriental del Uruguay fue que este episodio de desliz verbal provocará más distanciamiento entre ambos gobiernos.
La relación no fue buena durante las presidencias de Néstor Kirchner y Tabaré Vázquez por el conflicto que se despertó con la instalación de la pastera Botnia y el corte que hicieron los asambleístas de Gualeguaychú al puente internacional General San Martín, impidiendo el tránsito de personas y mercancías en esa importante vía de comunicación.
Si bien ese obstáculo se levantó, el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner fue elevando nuevos muros, menos visibles, pero no menos avasallantes de derechos fundamentales, que entorpecen el desarrollo comercial: las barreras proteccionistas, los rígidos controles cambiarios a los ciudadanos argentinos y los impuestos al turismo en el exterior. Todo ello en el marco de un Mercosur que, debilitado por las inconsistencias internas, va languideciendo en camino hacia la extinción.
Si el Mercosur tuviera normas acatadas por todos e instituciones sólidas, los dichos del presidente Mujica no deberían alterar el normal desenvolvimiento en la fluidez del turismo y el comercio entre las dos naciones rioplatenses. Sería una simple nota de curiosidad periodística. Pero basta con la lectura del artículo 1° del Tratado de Asunción para poner en evidencia que, después de veintidós años, el Mercosur es una bella expresión de deseos lejos de cumplirse.
El Mercosur se ha manejado como una relación a veces cordial, otras veces tempestuosa, entre los presidentes de los países miembros. La Unión Europea, que reúne en un grado mucho más complejo y completo veintisiete países miembros, no tembló en sus cimientos cuando el entonces primer ministro italiano Silvio Berlusconi habló en términos denigrantes de la canciller alemana Angela Merkel en el 2011, porque esa comunidad política y económica tiene instituciones, normas y mecanismos que trascienden a los gobernantes de turno.
Los países sudamericanos han logrado transiciones pacíficas de dictaduras a Estados de Derecho, pero sólo unos pocos dieron pasos significativos para afianzar instituciones y políticas de largo plazo que no estén sometidas al vaivén de caprichos circunstanciales. La seguridad jurídica, que significa estabilidad y cumplimiento de las normas, crea una atmósfera propicia para el ahorro, la inversión y el crecimiento, y cuantas más garantías haya de su vigencia, más herramientas habrá para la paz y la prosperidad en la región. No obstante, esas instituciones no han logrado plasmarse en el Mercosur ni en ninguno de los otros intentos de integración latinoamericana, quedando en meras cumbres de presidentes y no en instituciones gobernadas por leyes.
América del Sur está necesitando más instituciones y menos palabras.

Artículo publicado en Infobae, miércoles 24 de abril del 2013.

viernes, 19 de abril de 2013

La radicalización del populismo, presión para la Corte.


Por Ricardo López Göttig
La presidenta Cristina Fernández ha abierto un nuevo frente de conflicto al impulsar un paquete de leyes bautizado de "democratización de la Justicia", que en el caso de la reforma del Consejo de la Magistratura está claramente reñido con el texto de la Constitución en su artículo 114. El proyecto específico no sólo apunta a la politización manifiesta del Consejo, con la elección por voto popular de sus miembros, sino que además pone en jaque la independencia remanente del Poder Judicial y, en particular, a la Corte Suprema de Justicia. Es otro paso de la lógica populista que anima al kirchnerismo desde sus inicios: confrontar, desprestigiar, azuzar el enfrentamiento y derrumbar los límites institucionales al poder, desarmando el principio del equilibrio de poderes que anima al sistema republicano.
Y es que, a diferencia de la lógica de las democracias liberales, en donde impera el espíritu pluralista, el imperio de las leyes y la búsqueda de consensos en las cuestiones fundamentales, el populismo se alimenta de la polarización que va creando, tensando al máximo a la opinión pública en sectores irreconciliables. La función del Consejo de la Magistratura es despolitizar la selección de los jueces, buscando el equilibrio plurisectorial al establecer una composición con cuatro sectores: representantes de los legisladores nacionales, del Poder Ejecutivo, de los magistrados y abogados y del ámbito académico. El equilibrio es un factor esencial, ya que ningún sector debe predominar.
La elección directa en las urnas no sólo no está contemplada en la Constitución y le daría un inocultable barniz político partidario a este órgano, sino que además le quitaría el equilibrio necesario para la selección consensuada de magistrados irreprochables en su conducta y altamente calificados en su conocimiento de la ciencia jurídica.
¿Qué ocurriría si la Corte Suprema declarara inconstitucional esta reforma? Difícilmente el kirchnerismo, a través de sus voceros políticos y mediáticos, se abstendría de acusar al máximo tribunal de participar de una vasta conspiración desestabilizadora, procurando introducir un factor de presión fortísima a la decisión que los ministros deben tomar en su rol de control de la constitucionalidad de las leyes.
Con este nuevo frente de conflicto, se buscaría enlodar entonces a la Corte Suprema, sabiendo que los jueces sólo deben hablar a través de sus sentencias, evitando dar opiniones o discursos de tribuna.
En un año electoral difícil y desconcertante, en medio de señales de zozobra por desastres climáticos e incertidumbre económica, la presidenta impulsa un nuevo elemento disruptivo para profundizar la radicalización del populismo, debilitando las instituciones y la seguridad jurídica.
Publicado en el diario Río Negro, 17 de abril del 2013.

martes, 12 de marzo de 2013

La tentación jacobina.

Por Ricardo López Göttig

Los jacobinos han pasado a la historia como la fracción radical de la revolución francesa, encarnados por la figura de Robespierre y fácilmente identificables con el emblema sangriento de la guillotina.
El líder más notorio de los jacobinos y el instrumento de terror y crimen nos pueden hacer olvidar cuál era el ideario de estos revolucionarios que buscaron cambiar la humanidad desde la raíz. Los jacobinos estaban plenamente convencidos de que era posible crear una nueva sociedad desde cero, casi ex nihilo, enarbolando el estandarte de la razón, arrasando con el pasado que consideraban oprobioso, tenebroso y del que nada bueno podía aprenderse.
Así es como establecieron un nuevo calendario, el republicano, reemplazando al gregoriano de carácter cristiano. Las semanas tenían diez días -el diez es "racional"-, con lo que de paso se borraba el domingo. Nos dejaron el sistema métrico decimal -nuevamente el diez-, a fin de unificar todos los sistemas de pesos y medidas que había en Francia. 
En su deseo de crearlo todo de nuevo, emprendieron la persecución de las religiones, sobre todo el cristianismo que era ampliamente mayoritario en la nación gala, e intentaron imponer un nuevo culto a la Razón, con su propio ceremonial. La religión, la propiedad privada, las tradiciones regionales, las costumbres comerciales, incluso los apellidos: todo era sometido a un proceso de profundo cambio.
Y para ello rodaron cabezas de monárquicos, clérigos, aristócratas, funcionarios, moderados, girondinos y, también, de jacobinos...
Quien supo ver con claridad el terremoto político y social que estaba en ebullición en Francia desde sus primeros pasos fue Edmund Burke quien, en sus lúcidas Reflexiones sobre la revolución francesa, advirtió antes de los años del Terror sobre las graves consecuencias de lo que denominó la geometría y la aritmética aplicadas a la política. Estos intentos de imponer lo exacto en el comportamiento humano han desembocado en las peores atrocidades, porque se basan en la concepción de que es posible moldear y fijar el comportamiento de las personas tal y como estos ideólogos y políticos de laboratorio imaginan. 
Y es que, en lugar de tomar al ser humano tal y como es, los utopistas pretenden crear una nueva especie a través de nuevas reglas y condiciones, como si fuera una plastilina maleable. Un nuevo humano autómata al servicio de una causa superior, sin ambiciones ni dobleces, sin sueños ni miserias, puro y desinteresado.
Esta tentación jacobina se puede hallar en varias corrientes de pensamiento, hasta en aquellas que presumen de ser lo contrario, porque se fundamentan en un homo abstracto, concebido sólo en sus mentes, un homúnculo que responde con precisión a los estímulos. Así es como todas las utopías son coherentes, "cierran" en sí mismas, sin fisuras. El enamoramiento con estas ideas se fortalece cuando se "convencen" unos a otros en círculos estrechos, sin contacto con otras ideas ni, mucho menos, con la observación de la realidad cotidiana.
Muchos discursos de renovación -o innovación, o revolución- generacional tienen impregnada la tentación jacobina, como si las generaciones que nos precedieron hubieran sido hatajos de necios cuya herencia y experiencia debe ser enterrada. Para todo tienen respuesta sin necesidad de estudiar cada caso particular, poseedores de una fórmula mágica que nos llevará a la felicidad y la solución definitiva a todos los problemas.
Las tentaciones ideológicas y políticas abstractas son atractivas, simples, todo lo abarcan. Son panaceas. 
Pero son embarcaciones que, cuando son echadas al agua, rápidamente se hunden. Y para salvar la idea superior, nos dirán que ese barco no fue debidamente diseñado por los genios del laboratorio, sino por meros imitadores.
Evitemos las fórmulas sencillas. La realidad humana es compleja, fascinante, desconcertante; y para aproximarse a ella se requiere de paciencia, estudio y diversidad de visiones.

martes, 5 de marzo de 2013

Ausencias en el discurso presidencial.

Por Ricardo López Göttig

El extenso discurso apertura de sesiones ordinarias del Congreso de la presidente Cristina Fernández de Kirchner tuvo claras lagunas. 
Más allá de varios errores históricos, cifras cuestionables y de promover la idea de que a partir del 2003 hubo una ruptura significativa con todo lo anterior, el tono de épica no pudo disimular que la Argentina continúa ignorando cuáles son los lineamientos profundos y de largo alcance de la administración kirchnerista.
Básicamente, se desconocen cuáles son los principios fundamentales que guían al gobierno, porque en ninguna de las dos campañas electorales, del 2007 y 2011, la Presidente expuso cuál es su programa y la filosofía que lo anima. Hay slogans que poco y nada aportan. 
Otra visión del decenio, diferente del balance presidencial, puede reflejar que existió un avance del Estado sobre la inversión privada y también de los contratos en nombre de un vago “proyecto nacional y popular” del que no se puede adivinar su alcance, contenido y contorno. 
También hubo un constante deterioro de las instituciones que sirven de equilibrio al Poder Ejecutivo, a la par que se debilitó la estructura partidaria en la que los Kirchner desarrollaron su vida política.
En el discurso abundaron las referencias a la intervención estatal: no como un auxilio en la emergencia, sino como el gran estratega y ejecutor de las grandes decisiones, dejando a un costado a la inversión privada. Es por ello que no hubo señales para el emprendedor sobre condiciones favorables a su desenvolvimiento, ni referencias a la política de grilletes cambiarios o la inflación. 
El derecho de propiedad, ese gran ausente tan vapuleado durante los casi diez años de kirchnerismo, está sujeto a los vaivenes del momento. Allí están las expropiaciones de las AFJP e YPF, las prohibiciones a la compra de divisas, los controles de precios y los cambios constantes de las reglas de juego.
No hubo, tampoco, referencias a tratados de libre comercio ni al porvenir del Mercosur, que va perdiendo año tras año su razón de ser. Mientras los países del Pacífico están debatiendo el Trans-Pacific Partnership para unir Asia y el continente americano en un gran mercado común, a la vez que se esboza la idea de un acuerdo entre la Unión Europea y Estados Unidos, el gobierno argentino se empecina en su visión lugareña, encerrándose en la estrechez del barrio y haciendo comentarios irónicos sobre la crisis europea.
Esta ausencia de definiciones, que en cualquier democracia liberal madura sería cuestionada, es una de las fortalezas del kirchnerismo en el contexto de la Argentina posterior a la crisis del 2001, porque le permite maniobrar con toda la amplitud posible para acumular poder con el argumento más efectista del momento.
¿Qué cabe esperar del discurso presidencial? En lo inmediato y con vistas a las próximas elecciones, no habría cambios de rumbo y sí una posible radicalización de las políticas populistas, a fin de asegurarse el voto duro del kirchnerismo. Esto estrategia supondrá que no sólo continuarán los embates contra los rivales que hoy se fijado el gobierno, sino la suma de nuevos frentes de conflicto, buscando una fuerte polarización que le permita mantener la primera minoría electoral ante una oposición dispersa.


Publicado en El Cronista Comercial, 5 de marzo del 2013.

jueves, 14 de febrero de 2013

La "vía uruguaya" al socialismo.


Señor Director, 

He leído con interés el reportaje al ministro Daniel Olesker, en el que incursiona brevemente en la filosofía política, esbozando los rasgos de lo que, a su criterio, debería ser un eventual tercer gobierno del Frente Amplio.
Es curioso que Olesker se refiera a la visión clásica de Karl Marx, quien suponía que el socialismo sería una etapa posterior a un capitalismo industrial plenamente desarrollado, como el que estaba recién en sus fases iniciales en Gran Bretaña, Estados Unidos, Francia y Alemania en el siglo XIX. Esto tenía una significación para Marx y Engels, y es que el obrero industrial tomaba conciencia de su clase y de su “explotación” en el trabajo mecanizado, que lo “alienaba”. Para Marx, no era el campesino un revolucionario, sino precisamente lo contrario: un reaccionario. Tampoco lo era el marginal, al que denomina “lumpenproletariat”. Basta con leer “El 18 Brumario de Luis Napoleón Bonaparte”, para comprender su visión sobre estos sectores de la sociedad capitalista francesa. El socialismo marxista, o “científico”, era de fábricas de chimeneas humeantes, de despliegue de la industria, que barría con lo artesanal y la naturaleza.
Pues bien, creo que la República Oriental del Uruguay está bastante lejos de una situación de esas características. 
Confundir “socialismo” con una fuerte presencia estatal es otro error: Marx concebía al socialismo en tanto dictadura del proletariado –es decir, de los obreros industriales con conciencia de clase-, que tomarían los medios de producción con los que estaban trabajando. Pero Olesker parece haber olvidado las experiencias ruinosas del socialismo real de la Unión Soviética, de los países de Europa oriental, e incluso de aquellos que intentaron vías nacionales hacia el socialismo, como la ex Yugoslavia o China bajo Mao Zedong. En ninguno de estos países gobernaron los obreros industriales, sino los aparatos partidarios con una disciplina rígida, centralista, tal como la concibió Lenin para alcanzar y mantener el poder en la URSS. 
Concedamos que el ministro Olesker, quizás por la brevedad de un reportaje, no haya podido explayarse en profundidad. Porque Karl Marx no escribió sobre cómo sería el socialismo, más allá de que lo consideraba una etapa intermedia para arribar, inexorablemente, a la era final, que era el comunismo. Entonces, ¿en qué se basaron los bolcheviques para diseñar el estado soviético? En el modelo de economía centralizada del Kaiser Guillermo II, de Alemania, durante la primera guerra mundial. ¿A Guillermo II lo podríamos considerar como el primer socialista, formaría hoy parte del Frente Amplio? No lo creo, pero quizás el ministro Olesker lo incorporaría como un camarada de ruta hacia el protosocialismo.
Es interesante que no haya hecho mención, tampoco, de los intentos fracasados del socialismo por crear sociedades de consumo en Checoslovaquia, Hungría y Polonia durante los años sesenta y setenta. De algún modo debían legitimarse esos regímenes totalitarios, y procuraron hacerlo incentivando el consumo de electrodomésticos, automóviles y vacaciones en Bulgaria… Hungría, bajo el régimen de Kádár, recibió créditos baratos de Occidente para desarrollar su industria, un sistema que se conoció con el rótulo de “socialismo gulash” que permitió algunas rendijas de iniciativa privada para darle aire a una economía estancada de planificación central. ¿Ha olvidado, acaso, el atraso tecnológico que hubo en los países socialistas en comparación con el Occidente democrático? ¿Y las constantes violaciones a las libertades individuales, los genocidios masivos, las purgas, la persecución a todo pensamiento independiente, la censura y el deterioro ambiental? ¿Desconoce que hubo una “biología socialista” con dogmas impuestos desde el poder y que tuvo resultados catastróficos?
Hemos visto, un mes atrás, cómo se desvaneció en el aire la famosa profecía maya del fin del mundo. Se han escuchado, durante un siglo y medio, varios anuncios del “fin del capitalismo”: después de la primera guerra mundial, con la crisis de 1929, tras la segunda conflagración planetaria, en los años sesenta, con la crisis financiera de 1987, y ahora con la crisis europea… Pero es que se empeñan en suponer que la economía de mercado es un sistema manejado por unos pocos hilos, cual titiriteros, en lugar de concebirla como un proceso dinámico de millones de interacciones espontáneas que crean y recrean las posibilidades de la producción. 
Por último, no deja de asombrarme esta versión “new age” y “post materialista” del socialismo, que privilegia el “ser” sobre el “tener”, muy acorde a estos tiempos de espiritualismo a la carta, evanescente como lectura playera de verano. Sea como fuere, bienvenido el debate de la filosofía política.


Publicado en el semanario Búsqueda, jueves 14 de febrero del 2013.