martes, 15 de octubre de 2013

El sueño copernicano.

Desde hace muy pocos siglos sabemos que la teoría geocéntrica estaba equivocada y que el sol y los planetas no rotan en torno a la Tierra. Los postulados de la astronomía ptolemaica eran erróneos, pero tuvieron una extensa aceptación por parte de los científicos durante centurias.
Copérnico desarrolló o, mejor dicho, retomó la teoría heliocéntrica y colocó al sol en el centro del sistema, con los planetas rotando circularmente. Esta conjetura era imperfecta, porque tampoco lograba explicar el movimiento planetario, tal como lo demostraban las observaciones. Johannes Kepler sostuvo que los planetas no describían círculos, sino que se desplazaban en el espacio en forma de elipse. 
Si bien Copérnico y Kepler se aproximaron a la verdad, su visión estática del sistema solar es también errónea. Porque el Sol se desplaza en el espacio, "arrastrando" a los planetas junto a él, moviéndose en forma helicoidal por este enorme universo en expansión. Estamos acostumbrados a ver en los manuales al sistema solar como un plano fijo, y nos atenemos por sencillez a ese esquema. 
Tomo este ejemplo para referirme al estado actual del debate en las ciencias sociales y, en particular, en la política. Los escasos argumentos que se esgrimen parecen estar en la etapa entre los defensores del modelo ptolemaico, geocéntrico, y los copernicanos, del heliocéntrico. A mi modo de ver, los ptolemaicos de hoy son aquellos que sostienen la necesidad de distintas formas de planificación de la sociedad y la economía, los ingenieros sociales; en tanto que los copernicanos somos aquellos que vemos gruesos errores y catastróficas consecuencias en aquella concepción. No obstante, los copernicanos no hemos logrado avanzar mucho más allá: ya basta de decir, una y otra vez, que los ptolemaicos están equivocados. Debemos proseguir en el estudio de la sociedad abierta y dejar de entronizar a nuestros Copérnicos como si fuesen infalibles. Hay que reconocer sus méritos, su poderosa intuición que nos llevó a dar un paso relevante, pero de ningún modo dejar de cuestionar sus equivocaciones, su visión fija del sistema. 
Sostener que los otros están errados no significa que se esté más próximo a la verdad. Considero que estamos atrapados en la idea de la rotación en un plano y hay autores que no hacen más que llevarnos por callejones sin salida, como lo hizo Tycho Brahe en la astronomía, envueltos en sus argumentos dogmáticos sin comprobación empírica, a los que sencillamente hay que dejar en un costado poco visitado de la biblioteca.
Hay que observar, estudiar, aproximarse a las personas para comprenderlas. "Hay más cosas en el cielo y en la tierra que las que sueña tu filosofía", nos dice Hamlet, y procuraré recordarlo más seguido.

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