jueves, 3 de octubre de 2013

Sospechosa Banda Oriental.

Por Ricardo López Göttig

En la relación tensa que viene sosteniendo el kirchnerismo con la República Oriental del Uruguay, se pueden descubrir los cuestionamientos que un sector importante de la política argentina siente hacia la antigua Banda Oriental, cuya independencia se acepta a regañadientes.
Hay una corriente influyente de larga data en la historiografía argentina, el llamado “revisionismo histórico”, que cuestiona la legitimidad del nacimiento de la República Oriental del Uruguay. Rodolfo Irazusta, por ejemplo, en 1930 escribió en el semanario La Nueva República el artículo “La segregación de la Banda Oriental, máxima culpa liberal”, en el que consideró a la independencia de Uruguay como una “amputación”. De no haberse producido ese cercenamiento, según Irazusta, “los poderes del Estado argentino serían más extensos e intensos y sus gobernantes no estarían a la merced de una turba incontrastable formada con el desecho de todos los pueblos del mundo”. Unos veinte años después, otro autor de la misma corriente, Ernesto Palacio, utilizó el término “mutilación” en su difundida Historia de la Argentina. Ambos eran nacionalistas católicos y, como tales, consideraban a la nación como un cuerpo –de ahí las metáforas- con un alma protegida por la religión. La influencia de este pensamiento es posible advertirla desde los años treinta en adelante en gran parte de las Fuerzas Armadas argentinas, así como en reductos de la intelectualidad, en la Iglesia Católica y en los sectores más “ortodoxos” del peronismo.
El kirchnerismo, en su afán por crear un nuevo relato histórico que le brinde legitimidad, ha dado nuevos bríos al revisionismo histórico aunque sin el contenido religioso. Por decreto presidencial, se creó en el 2011 el Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Argentino e Iberoamericano Manuel Dorrego, formado por figuras de carácter mediático con pretensiones intelectuales y algunos docentes universitarios con militancia en el partido del gobierno. Es la usina que provee de discursos maniqueos, sin rigor académico y fuera de contexto histórico al discurso oficial de Cristina Fernández de Kirchner.
Una utilización irresponsable de la Historia, empleada como una herramienta más al servicio del poder, sembrando semillas de discordia entre ambas naciones. Otro daño que nos deja el populismo en América del Sur  y que demandará mucho tiempo y esfuerzo en ser reparado.

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