domingo, 15 de diciembre de 2013

Las leyes.

Por Ricardo López Göttig


La semana pasada, el Parlamento de Uruguay aprobó la legalización de la marihuana, con un complejo sistema de producción y distribución que será reglamentado en los próximos meses.
Más allá de que no estoy de acuerdo con esta norma, querría formular algunas reflexiones en torno a cómo en Sudamérica concebimos al sistema legal.
En primer lugar, se tiene la tendencia a asumir que la ley escrita es palabra sacrosanta y que, por el simple hecho de que aparece impresa en las publicaciones oficiales, cambia la realidad circundante. Como si por simple voluntad legislativa pudiera transformarse nuestro entorno. Un ejemplo de ello es la ficción de que el río de la Plata termina en Punta del Este y, cuando llamo "mar" a esa inmensa masa acuática frente a la costa de Atlántida, aparecen los abogados afirmando "no, eso es río de acuerdo al tratado firmado por ambos países". El agua es salada, los peces son de mar y, además, sería el primer caso en el mundo de un río con una sola orilla. Con este criterio, mañana podría redactarse un tratado entre los países sudamericanos y africanos por el cual el Atlántico Sur sea declarado río, a fin de extender la soberanía sobre esas aguas. 
En segundo lugar, la ley sobre la marihuana nace con un gran defecto que la llevará al fracaso: se ignora cómo será implementada. El presidente Mujica reconoció públicamente que el Estado no está preparado para controlar el cumplimiento. De nada sirve una norma que no puede ser implementada, debilitando al concepto del Estado de Derecho, que es el gobierno de las leyes. 
Está instalada la creencia de que la ley tiene un poder mágico sólo por ser aprobada por las autoridades competentes, anhelando imitar al primer capítulo del Génesis bíblico. Pero no son deidades omniscientes; los legisladores son humanos y, por consiguiente, falibles. 
Esta nueva ley es voluntarista: se quiere creer que tendrá ciertas y determinadas consecuencias, mientras se crean lagunas legales en las que navegarán los criminales, perjudicando a los ciudadanos respetuosos del derecho a los que se expone en un laboratorio de ingeniería social.

1 comentario:

  1. En mi opinion , creo está empiricamente comprobado ya que la "erradicación" del narcotrafico es una utopía ya que la unica manera de erradicarlo es erradicando del planeta todo ser humano que quiera hacer uso de su derecho a hacer de su vida lo que quiera . El punto en común que comparte con la ley seca es la comprobación en los hechos que no se puede impedir que alguien que quiere consumir algo lo haga y que si hay un comprador siempre hay un vendedor. Por consiguiente lo mas realista es permitirlo y regularlo . Estoy de acuerdo contigo que para llegar a esa instancia debería el estado tener la capacidad de control de esa regulación como condición previa , pero esto es otra discusión.
    Un saludo.

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