sábado, 24 de octubre de 2009

Guerra sin fin.


En la democracia se institucionaliza el disenso, puesto que es un sistema en el que se expresan las diversas corrientes de opinión en un ambiente respetuoso del pluralismo. En un sistema democrático, al haber rendición de cuentas por parte de los gobernantes, debe haber una irrestricta libertad de expresión, de palabra y de posibilidad de crítica, para que se puedan corregir los errores, los abusos y las arbitrariedades. Vivir en democracia no supone un gobierno perfecto, sino uno en el cual se transparentan las acciones del Estado.
Varios presupuestos son fundamentales: la libertad individual, el derecho de propiedad, la limitación al poder, el pluralismo, instituciones vigorosas que se controlen mutuamente, la alternancia entre partidos políticos, la dispersión del poder en la sociedad, para mencionar tan sólo algunas.
¿A qué viene todo esto? A que en enero del 2010 habrá nuevas elecciones en los territorios palestinos. Estoy de acuerdo en que deban existir el Estado de Israel y el Estado Palestino. Pero uno de los factores que más debilitan y socavan la posibilidad de un Estado palestino independiente es el contínuo enfrentamiento armado entre las distintas facciones que controlan por las armas los territorios. Estas facciones se radicalizan cada vez más, adoptando un discurso religioso y milenarista a la par que utilizan armas del siglo XXI.
La democracia es paz, el Estado de Derecho es el gobierno de las leyes para proteger las libertades individuales. ¿De qué sirven las elecciones, si el resultado será la continuación de la lucha armada?
Espero que las facciones palestinas depongan sus armas, que su conflicto se transforme en disenso. Que sus diferencias no se resuelvan con morteros, sino con discursos parlamentarios, con debates en los medios y con el buen uso de la prensa. Sé que pido mucho en una región pésimamente acostumbrada a prolongar la guerra con más guerra.

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