domingo, 25 de octubre de 2009

Hay que pensar la transición del populismo a la democracia.

Que el fenómeno populista se está arraigando en Argentina, no es novedad. Algunos politólogos lo tratan como si fuera una variante de la democracia, en tanto otros se resignan a aceptarlo como una característica latinoamericana. Voy a disentir. Creo que se trata de un fenómeno netamente autoritario que está socavando los fundamentos del Estado de Derecho y de la democracia liberal, que está poniendo severamente en jaque al régimen representativo y que debemos ir pensando en una rápida transición del populismo a la democracia.
El sistema democrático se basa en ciudadanos libres y responsables, que toman sus decisiones en forma autónoma y que respetan al gobierno de la Ley. Los argentinos que están enrolados en las estructuras populistas, por el contrario, son dependientes y se encuentran en una relación de vasallaje (se cuenta con su presencia en las manifestaciones y su militancia activa, a cambio de una contraprestación económica y social). Es un nuevo feudalismo, en el que un señor feudal poderoso somete a los más pobres, creando un mini Estado. ¿Qué es, si no, lo que están haciendo personas como Pérsico, Milagro Sala, Luis D'Elía y tantos otros? Si permanecemos indiferentes a este fenómeno, terminarán destruyendo lo que queda del orden constitucional.

1 comentario:

  1. Eso es cierto hasta cierto punto, porque a los populistas los votan también muchas personas cuya voluntad es libre, que no dependen del empleo público, de un "plan social", o de un zapato derecho entregado antes de la campaña.

    El masivo clientelismo es una de las causas de nuestra decadencia, pero me atrevería a decir que no de las principales.

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