domingo, 18 de octubre de 2009

La eterna promesa de la reforma política.

La presidenta Cristina Fernández de Kirchner, que fue electa candidata del Frente para la Victoria con el 100% de los votos en la interna familiar realizada en la Quinta de Olivos en el año 2007 (obtuvo dos sufragios de los empadronados, que eran Néstor y la propia Cristina), ahora anuncia que irá por la reforma política, para democratizar los partidos.
Pregunta 1: ¿cuál es el partido al que está afiliada la presidenta?
Pregunta 2: ¿qué le impide democratizar su partido político ahora mismo? ¿Por qué no ha realizado comicios internos para elegir los candidatos a legisladores del 2009?
Pregunta 3: ¿Qué impide en la legislación actualmente existente que se celebren internas en los partidos políticos?
Lo que está vigente es la ley de hierro de la oligarquía en los partidos, no establecida por el Congreso, sino plenamente imperante por deseo de los "dueños" de estas formaciones políticas. Es la ley de Robert Michels.
Temo que la reforma política que impulsará la presidenta de la República debe contener algunos requisitos que obstaculicen el pluralismo, tal como lo ha hecho con la reciente ley de medios de comunicación. Asimismo, vemos que siguen apareciendo esas patéticas figuras que, a modo de saltimbanquis, se van pasando de las bancadas de la oposición al oficialismo, haciendo alegres volteretas en el aire, borocoteando miserablemente el voto de los ciudadanos.
La gran reforma política, a mi parecer, sería la limitación del poder estatal sobre la vida de los habitantes de la Argentina. Dejen que los ciudadanos, libremente, establezcan sus formas de asociación, que se abran las puertas a la competencia cívica y que se oxigene, entonces, la discusión con ideas frescas y renovadoras.

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